30 de octubre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando decimos preferir esperar el «proyecto», que sólo se conoce por ciertos aspectos generales, el motivo es tener presente el bosque completo y no solamente algunos árboles que lucen en la entrada. Y tener también la visión sobre varios temas que hacen a la base de sustentación de las instituciones y si continuarán dentro del actual marco. Los denominados «derechos de mercado» que perciben tanto la Bolsa como el Merval resultan la porción que deriva directamente de las transacciones diarias que se concretan. Cuando se dio a conocer, varias veces reiterado en declaraciones oficiales, que se propendía a abrir el negocio a una cantidad de nuevos agentes que cumplan con ciertos requisitos, el interrogante es válido.

Porque sean las 183 acciones/sociedades del Merval, o un mayor número de habilitados por fuera de la entidad, todo converge sobre los totales operados en el recinto. De esto también deriva el preguntarnos cuántos podrían llegar a habilitarse; ¿el número no estará establecido, será hasta donde se quiera llegar en cuanto a interesados? ¿De qué modo serán seleccionados, qué garantía deberán aportar?, y, además, los agentes actuales no es que están a la buena de Dios, haciendo lo que quieren y como quieren. En balances que presenta el Merval, trimestrales y anuales, públicos, como cualquier acción, los gastos que se generan para controlar, auditar de modo permanente a los agentes y sociedades -y sus libros- poseen un gran peso específico en sus números. Imaginar que a partir de sancionado el proyecto, otorgándose un buen número de nuevas «patentes», implica suponer que tales gastos, y efectivos controles, deberán recaer en la CNV. Otro tema, que se mencionó como al pasar, hablar del federalismo bursátil, habilitando entidades en el resto del país (también fundando respectivas CNV en los distintos lugares) no resulta una idea inédita. Ya existieron, a lo largo del tiempo, varias radicaciones, que en algunos casos culminaron con sonados fraudes y en otros simplemente fracasaron. Lo que más atemoriza es percibir que, en vez de cambios puntuales, algunos que podrían resultar útiles, y esperar a que se puedan consolidar, se atacan varios frente al unísono, que en el momento de pasar de la letra a la práctica implicarán movimientos densos de personal que sea idóneo, así como los gastos en que deba incurrirse. En especial, al partir de una estructura actual muy reducida y un mercado que se adelgaza en negocios. Reflexiones.

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