1 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

No tenemos el «proyecto» en nuestro poder, pero sí lo han tenido colegas de nuestro diario, que han realizado una síntesis de los asuntos principales. A ello nos atenemos, para decirle al lector que todo lo referido al Mercado de Valores -que fue uno de los temas más comentados desde el inicio- no nos causa sorpresa. Pero sí nos produce una fuerte impresión aquello que tiene que ver con la Bolsa de Comercio. Entidad que anda ya cerca de cumplir 160 años en la historia del país, que siempre ha respondido a la misma figura -asociación civil, sin fines de lucro- y que ha pertenecido a todos los asociados a ella.

Un conjunto integrado por diversidad de cámaras de la actividad económica argentina y que ha cumplido su labor, sin que nunca se objetara el rol dentro del sistema. Es mucho más que una entidad dentro del sistema bursátil nacional, resulta ser su principal emblema. Casi absoluto. Leer que en el proyecto que habrá de tratarse, y que directamente reemplazará a la Ley 17.811 (una muy buena ley, más allá del tiempo en que fue dictada), se pretende convertir a la Bolsa de Comercio en una «sociedad anónima», habilitaba a todo tipo de hipótesis y ninguna de las que nos planteamos es buena. La primera, es obvio, pasa por imaginar: ¿quiénes serán los integrantes, los socios nuevos, de la nueva «compañía»? ¿En qué lugar quedan los miles de socios actuales, los que continuaron con el espíritu original y la llevaron a perdurar por los mencionados casi 160 años?

Pero, por encima de todo: ¿qué motivos se aducen para destruir el historial de una institución y convertirla, sin discusiones, en una simple «sociedad anónima»? Como no hemos visto más que los medios dando cuentas del «proyecto», sin que surjan comentarios ni siquiera haciéndose preguntas simples: nos comprometemos nosotros.

Y también nos sorprende que, hasta ahora, exista tamaña pasividad dentro del propio sistema bursátil, sus socios incluidos, cuando esto significa un quiebre absoluto con el tipo de institución que fue creada en 1854.

Ni siquiera en el fútbol se llegó a avanzar con la intención de convertir clubes en «sociedades anónimas» (por más que le cuenten que, en muchos países, es así) y se arribó -en pocos- a algún tipo de «gerenciamiento» (en varios casos, desastrosos). La misma comunidad financiera tendría que aparecer con fuerza, a opinar sobre la iniciativa (a menos que, como es costumbre, haya muchos interesados en ver qué pueden «picotear», dentro de la nueva figura).

Dejá tu comentario