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Cupones bursátiles
Una la utilizamos como título de nuestro comentario sobre la rueda del viernes («Drama: el choripán a gas»). Otra fue la del recambio de vagones en la línea A de subtes, a lo que se agregó lo del asado en la ESMA, o las amenazas a la Corte Suprema (de parte de las «Madres»). Da la impresión de que en el mundo no sucediera nada que pueda afectar a nuestro país en el correr de 2013 -o más adelante-, todo se resume a colocar energía y ánimos en temáticas que apenas merecerían un triste recuadro informativo. Acaso, esto esté muy bien y nosotros, que aplicamos otra visión devenida del tránsito por los años, somos los equivocados. Acaso, algunos repliquen que el «choripán a gas» constituye un atropello, o que cambiar vagones -que cumplieron un siglo- no merece soportar sesenta días (en plena temporada de vacaciones y con la Ciudad semidesierta). ¿Qué tiene esto que ver con los mercados que atendemos? Nada. O, quizás, mucho. Son las pequeñas postales que cada vez hacen más profunda la opinión de aquel filósofo, que nos calara hondo: «Argentinos, a las cosas»... No se sabe de reuniones cumbre de funcionarios para evaluar dónde se dirige el desaguisado de Estados Unidos y su «abismo fiscal» (una vergüenza, por tratarse del máximo referente global). ¿Cuáles pueden ser las ondas expansivas que nos puedan dañar, de la postración europea, en qué pronóstico -serio- se instala la economía de Brasil (de la que tanto dependemos). Y, a través de ello, dar información a una comunidad que no posee ningún pronóstico aproximado sobre la ruta que seguiremos. Traducido al mercado: pues, que está muy «paquete» consultar a ciertos personajes, para que digan que los activos accionarios locales son muy atractivos. ¿En qué fundamentos lo basan, más allá de la falta de alternativas y el cepo al dólar? No se sabe. Si es por balances, el sustento de una acción, lamentamos descreer de ello -salvo casos puntuales- y sin ver estímulos a la vista, para que cunda el optimismo empresarial. Opinión.


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