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Cupones bursátiles
Ya convertido en hábito el hecho de que las Bolsas fijen sus propios destinos, dando espaldas a los estímulos naturales que deberían gobernarlas, lo que se vio en muchos pasajes de 2012 es soberano en enero de 2013. Y la diferencia del Merval en una quincena, con un exuberante 12%, parece resultar el testimonio más rotundo de mercados que han optado por desvincularse de la realidad que los circunda resultando solamente una buena alternativa para acentuar rendimientos que, en otros activos, son imposibles de obtener.
Jugamos, días atrás, con la hipótesis de que el deslizamiento del dólar «paralelo» (negro, «blue», o como se lo quiera denominar) puede haber obrado para que las acciones funcionaran como el «bien sustituto». La depreciación de los «paquetes» en dólares, ante la brecha que se amplió con el dólar oficial, actuando de revulsivo para visualizar a los títulos privados en condición de «baratos». Teoría que no asumimos, esto también ya fue explicitado en nuestra columna, pero acaso pueda ser enarbolada por los que determinan la dirección del mercado como una virtud inexcusable. Todo lo que se puede saber hasta el momento es que los problemas de los países están en el mismo punto que la incertidumbre del «abismo fiscal» prosigue presente, que nuestra economía doméstica atraviesa también zonas de turbulencias. Y que las sociedades, en consecuencia, sufren de tales males en sus desempeños. Cualquier otro tipo de escenario es casi «virtual», sin coincidencia con la realidad que se ve a diario.


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