15 de abril 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Todo parece indicar que vamos derecho hacia otra "burbuja" -con los resultados finales, que son clásicos- y liderada desde la esfera del Dow Jones. Plegarse a ella, de modo obsecuente como sucede en muchos mercados, implica que frente a un estallido en el mercado rector los demás se irán por la pendiente. Se sabe que el final resultará -seguramente- ése; lo que no puede determinarse es cuándo, de modo exacto, sucederá. Tampoco el motivo detonante que lo provoque, para que después quede en el historial una fecha fija -como un monolito- diciendo que en tal día, de tal mes, de tal año sucedió el derrumbe. Todas las ruedas siguen con la misma cantinela de un indicador que arriba a una nueva cumbre histórica y hace que sus ramas creen la ilusión de que podrán crecer hasta el cielo. Hasta que un motivo que puede ser muy relevante o solamente de segundo orden, como la salida de un "gran jugador" de la mesa -generando el temor- haga que muchos otros quieran salir por la misma puerta al mismo tiempo.

Los conceptos son cada vez más pueriles, algunos de ellos son infantiles, para seguir apuntalando el aumento permanente. Disimular las bajas y acentuar toda novedad -de cualquier calibre- que pueda ser utilizada para nuevas alzas. Después, todo es también sabido, cuando los mercados se desploman se alzan las voces diciendo que lo habían advertido y que ya se había transitado una zona de exuberancias imposibles de sostener. Allí mismo, los primeros en anotarse son muchos de los que no dijeron nada en su momento, acompañando los resultados, pero que -velozmente- varían de discurso para no quedar "pegados" a la debacle. Si hay una seguridad es que el Dow Jones y compañía no pueden mencionar estar en precios acomodados o de perfil "barato" (de lo contrario, no estarían quebrando niveles récord, rueda tras rueda).

Se está viviendo una época particular, a la que se le extrae el mayor provecho, donde la liquidez, el nulo costo del dinero, más la falta de alternativas les armaron un colchón apropiado a los juegos de índole bursátil. Y posiblemente ya se haya ingresado a la fase donde se insiste con los precios, cuando se ha perdido la noción del valor de los activos.

Desde la tan famosa época de los bulbos de tulipán, en Holanda, hasta la fecha tantas veces se han generado burbujas incomprensibles, vistas desde el día después como explosiones seguras. Codicia y temor siguen siendo los dos grandes motores.

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