Ellos, cuando poseen argumentos, los utilizan. Si no los tienen, o son pueriles, los inventan. Se veía venir que para frenar la avanzada vendedora global, tras sufrir el doble impacto de Bernanke y de China, cualquier tipo de ratio -y manejan miles- de la economía de Estados Unidos pasaría a resultar la equivalencia para dejar en segundo plano las inquietudes de fondo antes mencionadas. Enderezaron la nave y partieron -diría Veira-, remando hasta con las manos, con tal de que no se desarme la tendencia del Dow Jones y de sus colegas de Europa. Lo consiguieron una vez más, al menos por el momento, mostrando dos ruedas de saldos positivos que hasta involucró al maltratado Bovespa. Pero ni en la primera, ni en la segunda ocasión, el Merval porteño pudo plegarse y reconquistar algo de lo perdido. El martes, por lo menos llegando a una meseta, dando expectativas para la fecha siguiente. Sin embargo, lo del miércoles resultó la gran frustración: con el índice retomando la pendiente -cayendo el 1,54%- perforando sin oposición el piso de los 3.000 puntos y en una rueda donde solamente 9 papeles mejoraron, contra 42 que decayeron. En las líderes, varios casos en los que el recorte alcanzó más del dos, y hasta más del tres, por ciento. Llovido sobre mojado cuando queda nada más que la sesión de hoy para clausurar junio y viendo peligrar a la cuenta de 2013 -que supo estar tan jugosa- en una actitud del mercado local que promueve desde el desconcierto hasta el asombro. Porque no existen señales positivas desde el interior del andar financiero y económico (una especie del no pasa nada, que asemeja la paz de los cementerios), pero ni siquiera denotando algún principio de demanda que provenga del exterior, simplemente porque los demás marcaron días de mejoras. Resulta un principio de terreno arrasado, donde las órdenes no van sobre algunos títulos sino que tienen el sello de "vender Bolsa". Focalizando en los que son más líquidos, por donde se puede obtener una salida franca, vulnerando límites hacia abajo -la oferta cada vez defiende menos- y asomando, con escrúpulos, ciertos vuelos rasantes de la demanda tomando poco, con gran exigencia, esperando que en la rueda siguiente la pendiente prosiga. Que caiga el telón, para lo que fue una obra dramática de junio -iniciada en mayo- y la esperanza de cambiar en julio con razones, que son más del corazón. Se frenó el dólar, y todo se derritió. Hay que remar.
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