Después de la catarata de discursos y declaraciones que abarrotaron el final del domingo, Massa fue otro de los que se inscribieron en esta especie de cruzada generalizada para gravar la "renta financiera". Como que cada político se sube a una misma promesa -hecho por otros-, pensando que si suena como melodía en oídos de la gente también hay que incorporarla al propio discurso. Más todavía cuando la contrapartida -teórica- se radica en quitarle impuestos al salario. Y hablan como si la plaza financiera local fuera Wall Street, o Londres, con un ancho río de capitales aplicados a los instrumentos financieros y bursátiles disponibles. Por supuesto, de números concretos no se habla, de cómo determinar qué es una renta real, no solamente nominal, tampoco. Con recitar el enunciado alcanza, para una gran parte de la audiencia, que aplaude sin dudarlo porque va en dirección a quitarles a los "ricos" para darles a los "pobres". De tanto que ya se repite la idea, con cualquier color partidario, la situación se torna más peligrosa, hasta que un buen día, un proyecto se vote en diez minutos y promuevan el último estímulo -negativo- para que el capital se coloque a resguardo (o vaya al exterior).
Ya la Administración Federal de Ingresos Públicos, a través de su titular (y que sí habrá realizado las cuentas y el costo-beneficio), desestimó, hace unos días, el impulso quijotesco de aplicar el gravamen. La relación -la supuesta compensación- de un mecanismo salvando al otro daba algo así como diez veces menos, lo que podría recaudarse, respecto de la quita del impuesto. Y esto no sería el peor de los males, sino el sembrar semillas de pánico sobre un mercado financiero que está casi sin sustentos.
Imaginar, por ejemplo, que en la Bolsa -que no es sencillo- alguien pueda obtener una renta real, pues, para confirmarlo, habría que desagiarlo de la inflación en el período. O bien, lo que produce una renta fija (que a la vez también está condicionada por la inflación que persiste). Un mercadito como el nuestro, que no hace ni 10 millones de dólares por rueda -en acciones- no luce como un bocado apetecible para recaudar en términos razonables. Pero en estos meses se han multiplicado los que están detrás de ganarse una medalla, presentando el proyecto de gravar la renta financiera. En nuestro medio, desde siempre, primero aparece la idea de quitar, antes que la de hacer crecer. (Distribuir riqueza que no se produce).
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