21 de noviembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Después de recorrer vidas, obras (y desvíos) de legendarios personajes en la historia bursátil, nos encontramos retornando a la contemplación del presente.

Pero es inevitable imaginar a esos hombres de antaño actuando en el mercado de ahora. Antes tenían a favor, para ensayar sus tropelías, un terreno sin límites y carente de normas -la Bolsa previa a la Gran Crisis y las leyes que derivaron de ella- donde todo se resumía a ganar o perder, utilizando toda estrategia, y artilugios, como fueran posibles.

Habituales las tremendas luchas cuerpo a cuerpo, entre poderosos magnates que buscaban hundir a su rival y siendo esto un objetivo primario. Conseguir poner al adversario en un córner -refugiado en un rincón- y allí hacerlo trizas subiendo las cotizaciones, impidiendo poder cubrirse a la víctima.

Sin leyes, sin marco, en lucha libre, sin embargo, respetando ciertas reglas básicas que lograron mantener las funciones del mercado. Muchas de las prácticas que se creen modernas, para quienes no indagaron en la historia, ya las efectuaban con total soltura aquellos bribones.

La mayoría de los que vimos en la galería recorrida resultaron ampliamente objetables, aplicando un sentido de lo justo y lo admisible, para lo que debe ser un participante de mercado. Sin embargo, algunas de sus prácticas fueron tan ingeniosas, o el modo de estar conviviendo con el riesgo ilimitado, que nos invitan a ser más tolerantes, contemplativos, con aquellos del pasado que con los truhanes de nuestra época. En general, se hacían millonarios -algunos, varias veces fundidos y resucitados- o rodaban por la pendiente, pero no articulaban jugadas que complicaran a las economías, fuera del ámbito bursátil. El estallido de la Gran Crisis de 1928 no fue por obra de algunos personajes en especial, sino por un desborde de codicia que envolvió a casi toda una sociedad que soñó con la fortuna fácil de conseguir en una Bolsa.

Visto lo que se venía, los más experimentados de los jugadores se pusieron a reparo antes de la caída, sabiendo que ya la ola gigantesca de las bajas y las pérdidas resultaba un fenómeno imparable. Imaginar cómo se moverían esos "zorros" del mercado, con todo el instrumental de nuestra época, es suponer superactores reuniendo el talento y el instinto natural con los mecanismos de hoy con un toque de nobleza.

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