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Cupones bursátiles
Más allá de la utilización de estos casos, hay que pensar que la elasticidad del Merval en el año ha llegado a un punto donde estará expuesto de manera permanente a hacerse eco de toda excusa para que -manos ya nerviosas- se puedan producir deslices.
Echando una mirada a lo evolucionado en el mercado local, en comparación con los pares americanos, el contraste que provoca a la vista es conmovedor. Un Merval que había alcanzado un 95% de rendimiento -en algo más de diez meses- y que después del ida y vuelta de estos días recaló en el casi 88%, compite contra un Bovespa que pierde el 13% en 2013, casi el mismo porcentual de pérdida que lleva el IPSA chileno, junto con el 7% de caída que acumula el Mexbol. En cualquier caso, cuadruplica la ganancia de índices del mundo que están rindiendo en buena forma, comenzando por el Dow Jones que sube el 21%.
Semejante discordancia de uno -el Merval- contra todos, sin que su contexto económico resulte de excelencia, en relación con sus colegas de la región, genera un sendero estrecho que lleva a la única explicación aceptable (al menos para nosotros) de la falta de alternativas de inversión, junto con un mercado cambiario obturado que convirtió a los títulos accionarios (con su condición de máxima liquidez, para entrar y salir) en un polo atractivo, casi sin competencia y con augurios de gran "premio", para el riesgo que se asume.
Existen, seguramente, otras motivaciones y argumentos, que se esgrimirán para avalar la espectacular utilidad del año; lo bueno será intuir dónde se halla el techo (o si ya es).


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