22 de noviembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Que la Bolsa haya bajado un 6% por la designación de Kicillof. Y que haya recuperado un 3%, debido a la renuncia de Moreno resulta, cuanto menos, una lectura preocupante (para medir el mínimo de sensatez que deben poseer los participantes del mercado). Tales reacciones del índice quedan como jugadas oportunistas, sacando partido inmediato, e impulsivo, de las novedades de recambios y que, dado el grado de incidencia de una reasunción y una renuncia, disipada la polvareda, hallará que el supuesto símbolo negativo -Kicillof- seguirá estando, pero ya sin un Moreno pudiendo renunciar para amortiguar el perjuicio. Si se sigue el hilo de pensamiento, hay que suponer que el mercado terminó su notable racha alcista y se dirigirá en el sentido contrario, mientras permanezca Kicillof...

Más allá de la utilización de estos casos, hay que pensar que la elasticidad del Merval en el año ha llegado a un punto donde estará expuesto de manera permanente a hacerse eco de toda excusa para que -manos ya nerviosas- se puedan producir deslices.

Echando una mirada a lo evolucionado en el mercado local, en comparación con los pares americanos, el contraste que provoca a la vista es conmovedor. Un Merval que había alcanzado un 95% de rendimiento -en algo más de diez meses- y que después del ida y vuelta de estos días recaló en el casi 88%, compite contra un Bovespa que pierde el 13% en 2013, casi el mismo porcentual de pérdida que lleva el IPSA chileno, junto con el 7% de caída que acumula el Mexbol. En cualquier caso, cuadruplica la ganancia de índices del mundo que están rindiendo en buena forma, comenzando por el Dow Jones que sube el 21%.

Semejante discordancia de uno -el Merval- contra todos, sin que su contexto económico resulte de excelencia, en relación con sus colegas de la región, genera un sendero estrecho que lleva a la única explicación aceptable (al menos para nosotros) de la falta de alternativas de inversión, junto con un mercado cambiario obturado que convirtió a los títulos accionarios (con su condición de máxima liquidez, para entrar y salir) en un polo atractivo, casi sin competencia y con augurios de gran "premio", para el riesgo que se asume.

Existen, seguramente, otras motivaciones y argumentos, que se esgrimirán para avalar la espectacular utilidad del año; lo bueno será intuir dónde se halla el techo (o si ya es).

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