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Cupones bursátiles
Varias veces se generaron tales tipos de reacciones, siempre con esa idea-fuerza que actúa como seductora. Movimientos muy marcados, con fuerte caudal de órdenes apuntalando, pero que -en la práctica- todavía están por verse los anunciados cambios tarifarios. La vieja forma de vender la piel del oso antes de haberlo cazado.
Las de energía, justo con los bancos, resultan las columnas de estos tiempos, para darle vuelo a un Merval que se ha despegado del mundo y generando asombro por la magnitud se su utilidad en 2013.
Ya instalados en la atmósfera de la exuberancia, toda apelación resulta válida para sostener el entusiasmo que -de todas formas- es festival de ganancias de circuito cerrado, casi entre puras manos profesionales. Como tantas veces lo apuntamos, no sin nostalgia por los "buenos viejos tiempos", nuestra Bolsa ya no se derrama en las distintas napas sociales e inversoras, no sale de una mini-comunidad estrictamente financiera y donde el común de las personas ni se entera de una inversión que casi duplica el dinero colocado, en sólo once meses. También está presente el riesgo de reproducir el viejo chiste de: "te vendo este reloj a $ 2, te lo recompro a $ 4 y te lo vuelvo a vender a $ 6...". El contexto colabora para que el dinero siga rebotando dentro de lo accionario y se suman más condiciones para hacerlo un territorio de placeres y ganancias sin competidores a la vista.
El aparente intento de gravar la gama alta de los automóviles sin quererlo también es abono para lo bursátil. El volumen, alimento indispensable, ha sabido afirmarse con naturalidad por encima de cifras de efectivo, que hasta hace poco se veían apenas de tanto en tanto, como una rareza. Suministros que lubrican un buen recambio.


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