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Cupones bursátiles
Al menos puede pretenderse una política más medida de parte de los grupos de control como para mantener en buen nivel la imagen de la acción y preservar la inversión del aportante minoritario.
Hasta compañías que hacían de aquella regla clásica una cuasi religión (como Siderca, derivada en Siderar) luego se fueron apartando de la sabia guía ortodoxa: a tal punto que en muchas acciones el único argumento que enarbolan los compradores es el paquete accionario en dólares. Lejos de poder obtener beneficios apropiados, que se traduzcan en dividendos, hay acciones que han llegado a un límite del que ya no se podrá pasar: el de volver a entregar acciones (y ensayar una "licuación" absurda). Nos resulta apasionante pensar qué bueno sería conocer los argumentos, en el seno de las conducciones, para haber alcanzado tales políticas que resultan altamente nocivas para los papeles cotizantes. La ponderación de aquellas acciones que mantenían el capital comprimido, sin que fuera absurdo hacia el otro límite, resultaba un exquisito platillo para quienes formaban carteras y se apoyaban en condiciones imprescindibles para tomarlos: capacidad de ganancias y aptitud para distribuir, para -después- volver a ganar, en términos equivalentes a lo distribuido (hablando de acciones, no de efectivo).
La "ganancia de mercado", tras el corte en el pago y la nueva paridad, siempre era mucho más rendidora que el beneficio "de renta" (cobrando los efectivos).
Ahora, salvo plausibles excepciones, esto es una rama que se ha casi extinguido. Así, todo queda en manos de la primitiva relación entre dólar y acciones, un arma de doble filo y que corta por lo burdo.


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