Vino de manera oportuna la seguidilla de feriados que formaron una "zona muerta", tras la clausura de un febrero inexcusablemente negativo. Un contraste mayúsculo, respecto de enero, donde -de modo favorable- la suba del primer mes permitió obtener un holgado saldo -positivo- acumulado. De perder casi un 4% a todavía estar en ganancia -con un 7%- el Merval ha resultado uno de los índices más cambiantes en el bimestre inicial. El recurso de adjudicarle todo a una "toma de utilidad", el tradicional comodín del analista (cuando no acierta a darle una razón a los resultados), encuentra su lugar si se lo relaciona con el exuberante beneficio del Merval, en el primer mes de 2014. Pero, conviene más al inversor buscar otros posibles enfoques, antes que apoltronarse en la fácil explicación de tomar utilidades. Podría, también, acurrucarse -el operador acomodaticio- en aquello que habíamos advertido -oportunamente- desde esta columna: los malos efluvios de febrero, mes que desde hace unos cuantos años, siempre deja su huella de saldo adverso que en la estadística del ejercicio. Cuando hablamos de que "el mercado no tiene memoria" -frase clásica- apuntamos que entonces, en cada año, febrero encuentra nuevas causas (para ir tejiendo su entramado bajista y llevarlo a cabo). En este 2014, por algunos pasajes dio la impresión que se quebraría con el "maleficio" de febrero en ciertas ruedas donde se concretaron repuntes. Sin embargo, esto se fue diluyendo, hasta arribar a puerto en una atmósfera de resignación (e incapaz de ser luchada) por una demanda que se ausentó de modo preservativo. Si no se trató de la simple "toma de utilidad" y es muy elemental adjudicarlo al principio estadístico de febrero pues, es cierto que desentrañar una tendencia que se dio vuelta, entre enero y febrero, incorpora tantas posibles hipótesis: como observadores que deseen realizarlas. Nos animamos, para no pecar de falta de participación, a ensayar la que nos parece una variable que fue afectando al mercado en el segundo mes. Y esto es, la política monetaria del Central que dando un giro a lo ortodoxo, comenzó a actuar sobre la liquidez de la plaza (siendo ahora aspirador de circulante). Más la elevación de la tasa de interés, que así como creó un polo opositor a la compra de dólares puso en vigencia al que es el peor de los males, para un mercado de riesgo: precisamente, el nivel de las tasas en el sector de la renta fija.
Las acciones, al dólar lo siguen, pero decaen ante las tasas.
¿La razón?...
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