21 de marzo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

...Y así se nos ha ido la semana. En cuatro de los cinco días nos quedamos con el tema que -por ahora- no conmueve a las primeras planas de los medios, pero que indica que las aguas ya están bullendo bajo la superficie de los índices accionarios. Recordemos que cuando se presta atención sobre la altura -y las razones- que envuelven al Dow Jones y otros mercados de primer nivel también se presta la máxima atención sobre el Merval argentino. No porque posea importancia en el ranking global, pero sí porque pertenece a "gran caravana". Y la tal caravana tiene un indudable rector, secundado por varios oficiales. Si tropiezan o ruedan feo los rectores, atrás será una especie de masacre en cadena. Nadie se salvará o pretenderá ver el espectáculo desde lejos, considerando que: "no es problema nuestro". Y a partir de lo que sucede en torno del caso actual junto con lo que nos decía el libro de Jesse Livermore -de 1923- un tema se nos hilvanó con otros. Y todos llevan al mismo destino, los marcos que roden a una actividad tan delicada (en los hilos casi mágicos que la sostienen). Y que se nota como desprotegida, de tantos enemigos que la acechan. Enemigos que son del propio sistema, truhanes y otras yerbas, afectos a cualquier tipo de desvíos, con tal de multiplicar ganancias y fortunas. En el seno de las principales y más grandes "casas de inversión" o bancos dedicados a lo mismo, también se han develado los mayores delincuentes bursátiles de la era moderna. Algunos de ellos formados en una detestable "escuela" de hacedores de bribones (como Goldman Sachs) y que cuando quieren aplicar lo aprendido en beneficio propio la compañía justifica los desastres diciendo que fue por empleados "infieles" . (En tal sentido, lo interpretamos como que han sido "infieles" en cuanto a: en lugar de armar tropelícas para la sociedad, haberlo hecho por su propia cuenta y beneficio) Y volviendo la vista atrás, a "cupones" previos, es muy buena la reflexión que hacía Livermore acerca de quienes siempre están fogoneando la suba de los precios -de cualquier modo y sin ningún límite de ética- y que nunca han tenido reglamentos para ponerles una penalización. Decíamos también que en nuestro medio sía había norma clara y en función de "no incidir" -ni hacia arriba ni hacia abajo- en la formación de precios. Vulnerado de modo permanente por funcionarios, directivos (cuando recompran sus acciones, diciendo que están "muy baratas") y otras especies. Un mal que no tendrá remedio. Parece.

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