André Citroën - 2ª parte - En julio de 1925, Citroën fue parte de la ceremonia de inauguración de la nueva iluminación de la Torre Eiffel, que había mandado instalar para celebrar el lanzamiento de la Exposición Internacional de Arte, la cuna del movimiento Art Deco. En 1927 se vendian 400 unidades diarias del modelo B-14, y en 1929 Citröen se había convertido en una de las fábricas mas poderosas de Europa, con "450.000 autómoviles en circulación y 750.000 m2 de talleres donde trabajaban 25.000 obreros con 12.260 máquinas".
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Citroën atento al negocio, no se limitaba sólo a innovar con sus productos, también fue uno de los primeros en otorgarle a la publicidad un rol relevante : entre varias de las anecdotas que se cuentan esta aquella en que hizo tirar varios autos desde un acantilado para demostrar su robustez, contrató aviones para que escribieran su nombre en el cielo, instaló un cartel gigante sobre la torre Eiffel y produjo varios acontecimientos que lo llevaron a los titulares de los diarios.
En 1931, Citroën abrió en París el negocio de autos más grande del mundo, donde no se limitaban a vender, sino que proyectaban películas e incluso se daban conciertos a cargo de una orquesta de la empresa.
A comienzos de 1933 sus colaboradores le presentaron un proyecto revolucionario. Se trataba de un automóvil con tracción delantera, suspensiones independientes, frenos hidráulicos asistidos por servofreno, estructura monocasco y motor con válvulas en cabeza. Incluso estaría previsto una transmisión automática.
De sueño a pesadilla
En abril de 1934 el proyecto fue realidad y presentado a los medios de comunicación, en octubre en el Salón del Automóvil y en ambos fue un éxito. Sin embargo, la historia no terminó bien, se había endeudado demasiado y no podía cumplir los plazos: la tracción no salía con el ritmo que se esperaba; la caja automática no funcionaba. Tuvo que pedir dinero a la empresa Michelin.
En noviembre del mismo año llegó la quiebra, solicitada por un proveedor.
Los bancos le cerraron las puertas. Citroën traspasó sus acciones a Michelin y se retiró.
Citroën falleció en una clínica de París en la madrugada del 4 de julio de 1935,
Su ex empresa paradójicamente se recuperó gracias a la misma tracción que lo llevó a la quiebra. Pierre Michelin relanzo el modelo fallido que fue uno de los mayores éxitos de la industria automotriz.
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