16 de septiembre 2011 - 00:00

Curiosa pelea de líderes por llegar primero

La ciudad de Bengasi, bastión de los antigadafistas, ofreció muestras de reconocimiento a Francia y al Reino Unido por su apoyo militar y político. Con todo, muchos libios se preguntan si la amistad occidental es desinteresada.
La ciudad de Bengasi, bastión de los antigadafistas, ofreció muestras de reconocimiento a Francia y al Reino Unido por su apoyo militar y político. Con todo, muchos libios se preguntan si la amistad occidental es desinteresada.
Estambul - Superado el obstáculo de Muamar el Gadafi, los líderes occidentales se lanzaron ya a una carrera por ganar influencia ante el Consejo Nacional de Transición libio que asumió las riendas del país.

Si Washington envió el miércoles al secretario en el Departamento de Estado, Jeffey Feltman, la capital libia recibió ayer al presidente francés, Nicolas Sarkozy, y al primer ministro británico, David Cameron.

Desde su escondite en un sitio desconocido, el antes todopoderoso Gadafi ve impotente cómo se suceden visitas de alto rango a Trípoli y un desfile de respaldos, promesas y apretones de mano entre enviados occidentales y delegados del CNT.

Pieza clave

Especialmente bien recibido fue Sarkozy. Muchos libios lo consideran pieza clave en la «liberación» de su país, porque fue el primero en ordenar a su Fuerza Aérea frenar la masacre que las tropas de Gadafi estaban llevando a cabo en Bengasi, incluso antes de que la OTAN aprobara una operación conjunta con ese objetivo.

Libia no está para lujos y en la recepción de ayer no hubo música, ni alfombra roja ni niños con banderitas francesas. La situación en Trípoli sigue siendo demasiado tensa como para repetir los baños de multitudes que políticos occidentales se dieron los meses pasados en la plaza Tahrir de El Cairo.

Los gestos de bienvenida se redujeron en este caso a un puñado de libios que gritó «Alá es grande» cuando Sarkozy aterrizó en un aeropuerto militar y a las amplias sonrisas en la foto conjunta de los miembros del Consejo de Transición con el mandatario.

Queda, es cierto, un margen de desconfianza mutua en ambas partes. Por eso las fuerzas de seguridad francesas registraron centímetro a centímetro el hotel en el que Sarkozy debía presentarse a los medios.

Y viceversa, muchos libios se preguntan cuáles son las intenciones reales de tanta visita prominente. O sufren un miedo más o menos difuso a que los países occidentales quieran influir política -o, por qué no, militarmente- en los asuntos del país.

«Les damos una cálida bienvenida... sólo si estas visitas cumplen de verdad con el objetivo de reforzar la amistad y la cooperación entre los dos países», señaló con escepticismo Mohamed Abdul Ati, un comerciante de Trípoli.

El jefe del Consejo Nacional de Transición, Mustafá Abdeljalil, no comparte esos temores. El político recordó que ya antes de la expulsión de Gadafi había quedado claro que los países que estaban apoyando la insurgencia tendrían luego ventajas en la licitación de contratos petroleros.

Una curiosa «víctima colateral» de la visita de Cameron y Sarkozy a Trípoli fue Recep Tayyip Erdogan: el primer ministro turco, que esta semana visita Egipto y Túnez (las dos «joyas» de la «Primavera Árabe»), quería ser el primer mandatario en pisar la Libia post-Gadafi.

Pero llegar después de otros no impedirá a Turquía mejorar sus relaciones con el país norafricano, ya de por sí estrechas antes del levantamiento. Erdogan, ferviente musulmán que acaba de mantener un duro enfrentamiento con Israel, es una figura especialmente simpática para los libios religiosos y conservadores.

Agencia DPA

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