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¡Dale campeón!

La ineficacia de Báez fue la culpable de que Liceo no pudiera anotar pese a estar acechando el in-goal Cura durante un tiempo largo. Ese error lo pagó muy caro, dejando que Marista tome vuelo y em-piece a llegar con más facilidad a territorio rival. Los dirigidos por Carlos Meli empezaron a cuidar la pelota y realizar un juego de muchas fases, hasta que este ritmo hizo que Marista cometiera una infracción que Báez transformó en tres puntos.
La adrenalina corría por las venas, era notable, y la clave era quien mejor la canalizara iba a ser más el efectivo.
El partido se empezó a tornar muy parejo en posesión territorial y de pelotas. Luego de un line, Liceo se consolidó en el verde césped del Gargantini y armó un maul compacto, el cual le fue casi imposible detener a Marista.
Se empezaron a vivir momentos de tensión, la historia se repetía y la parcialidad liceísta ya tenía en su cabeza el grito de tricampeón. El encuentro era un ida y vuelta frenético, pero ninguno lastimaba a su rival.
No obstante, Marista no quería el subcampeonato nuevamente. Y allí empezaron a conservar la pelota hasta ubicarse en una posición factible para un penal. Pero Francisco Diez tomó el rol de héroe en esta trilogía finalista. Con la cabeza fría y la victoria rodeando sus pensamientos, hizo un magnifico envío de sobre pique que enmudeció a todo el estadio.


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