Daniel Alvaredo: un retorno al cine de suspenso

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De cómo una persona común y corriente puede comenzar a percibir una realidad ficticia y distorsionada que lo hace cometer las mayores atrocidades. Ese es el punto de partida del thriller de suspenso con elementos de terror "Paternoster, la otra mirada", dirigido por Daniel Alvaredo y protagonizado por Eduardo Blanco, Adriana Salonia y Héctor Calori, que se estrena mañana. Dialogamos con Alvaredo sobre el género de suspenso, de las reglas del género, de la inspiración en Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick. Y también sobre los sueños.

Periodista: ¿Cuál es el cuento de la película?

Daniel Alvaredo:
La historia gira en torno a un fotógrafo que va a cumplir 50 años, obsesionado con ser papá, y que hereda una casilla de un pariente casi desconocido. Cuando conoce a un vecino misterioso que le hace un obsequio empieza a cambiar la manera de ver las cosas. La perspectiva se transforma, y si bien no alucina, sí distorsiona la realidad. Es como estar ante un cuadro y elegir ver sólo un fragmento, como no queriendo enterarse de las demás cosas. Y todo esto se acrecienta a medida que el embarazo de su mujer avanza, hasta que empieza a construir una realidad ficticia que lo hace cometer un descalabro en todos los ámbitos de su vida.

P.: ¿Cómo trabaja ese juego de miradas y el cambio de perspectiva del protagonista?

D.A.:
Siempre me atrajo este género y el poder investigar, como director, la manera en que cambia la perspectiva de la historia según la puesta de cámara. El solo hecho de cambiar de perspectiva puede convertir algo normal o común en algo totalmente horroroso. Esto es algo que experimento cuando sueño, al menos mis sueños tienen ese cariz ambiguo que suele asustar. La película juega con la ambigüedad, ¿es la psiquis del protagonista la que distorsiona la realidad? Hay una personificación del mal, y se plantea que ese cambio de mirada puede llegar a ser la distancia entre el bien y el mal. Con un pequeño cambio de perspectiva en la posición de las cámaras se puede establecer una diferencia entre una acción bondadosa y una acción maligna.

P.: ¿Cómo eligieron a los protagonistas?

D.A.:
Eduardo Blanco es un gran actor que despierta empatía, que da hombre común, simpático, pero dudábamos al principio si acompañaría esa curva dramática que lleva a su personaje al mismo infierno. Tuvimos temor al principio porque Eduardo nunca había hecho este género, sí Luis Luque, en quien pensamos, pero estaba con otros proyectos. De modo que convocamos a Blanco y con los ensayos comprobé que sus aportes me entusiasmaban mucho así que avanzamos. Después vino Adriana Salonia, que al principio nos pareció que quizá era demasiado linda para un tipo como Eduardo, pero después, todo fue armonizándose. También están Hugo Álvarez o Ernesto Claudio, entre otros.

P.: Se animó con un género no muy frecuentado en la Argentina, pero que sin embargo últimamente presenta varios exponentes.

D.A.:
Una de la cosas que me entusiasmó fue el género de suspenso, porque no se hacía mucho. Pero esto fue hace varios años cuando empezamos, así que en estos últimos tiempos se cultiva más, pero con cineastas jóvenes que tienden al terror más gótico. Yo personalmente como director de TV y ahora de cine busco una historia que me permina contar algo más, busco referencias, de cómo lo hizo este o aquel, y encontré que el género tiene reglas muy claras.

P.: ¿Cuáles son esas reglas? ¿En qué directores o films encontró esas referencias?

D.A.:
Hitchcock, Kubrick y Alan Parker. En "La ventana indiscreta", "Vértigo", "Corazón satánico" y "El resplandor". De estas dos últimas el film tiene muchas cosas, claro que no copié planos pero apliqué el tempo del thriller y el terror: el sincopado, cinco pausas y un remate.

P.: Habló de sus sueños y cómo influyeron en la realización del film, ¿puede ampliar?

D.A.:
En general anoto mis sueños, de modo que intento ver la narrativa visual que tengo en ellos, sobre todo los que más me angustian, lo que me resulta muy útil para filmar.

P.: Suerte que recuerda tan bien sus sueños.

D.A.
: Cuando me acuerdo de un sueño lo anoto, no sueño todos los días, pero cuando sueño lo anoto porque sino se pierde. Y son historias a veces sin principio ni desarrollo ni final, es decir que no tienen integridad pero igual me ayuda para constuir imágenes. De todos modos, acaso porque también soy actor, siempre me engancharon antes las historias que las imágenes.

P.: La película se filmó en 2012 y se estrena cuatro años más tarde, ¿cómo es filmar y estrenar en la Argentina hoy?

D.A.:
Vengo de la TV y la mayor diferencia es el tiempo de prepreproducción. En TV el proyecto es del productor y en cine del director, que es el que realiza los planes de rodaje. Eso me permite apropiarme más del proyecto, que en este caso por el escaso presupuesto tuvo que hacerse rápido. Lo bueno es que era yo quien decidía qué acortaba y con qué me permitía tomarme más tiempo. Al principio me costó acostumbrarme a trabajar con una sola cámara, cuando en televisión son dos, tres o hasta cuatro. Todo eso me provocaba ansiedad pero luego esa única cámara me permitía detenerme en detalles ínfimos del cuadro.

P.: ¿Qué otras diferencias hay entre filmar para cine y para TV?

D.A.:
La diferencia es el estado en el que está el espectador: uno está frente a 70 pulgadas como mucho contra otro encerrado entre bafles y una banda sonora 5.1 frente a una pantalla en la que el ojo del espectador equivale a espiar por una persiana. Claro que la TV puede ser más innovadora que el cine, algo que está ocurriendo con las series de Netflix, porque consiguen desde lo visual un grado de perfección admirable. Acá hay grandes directores de TV como Barone, Nisco o Pivotto, filmaron programas con cierto aire cinematográfico para que el televidente diga "es cine". Claro que no era cine pero luego en el paso a la pantalla grande les fue bien.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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