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Daniel Guebel inició su historia marginal del arte
Guebel: “¿Qué son estas historias? Es un poco indecible. No son artículos periodísticos, pero podrían publicarse de ese modo. ¿Son biografías? No, como biografías son un poquito breves. Algunos sí son cuentos”.
Periodista: Su libro "Genios destrozados. Vida de artistas", que reúne un conjunto de retratos biográficos, tiene mucho de ensayo y a la vez de conjunto de cuentos.
Daniel Guebel: A determinada altura de la vida uno se interesa menos por la construcción de universos ficcionales autónomos y sostenidos que sobre el modo en que imagina que determinadas personas vivieron su vida. O cómo hicieron determinadas personas para vivir y transformar su realidad, el mundo, el arte. Son preguntas de neto corte alquímico. ¿Cómo se hace para pasar de A no a B sino a 3? ¿Cómo se hace para cambiar el orden de lo existente? Yo había escrito "El absoluto", libro que aún no publiqué y que tardé 7 años en escribir. Hay un momento en que uno elige un libro que cree que tiene que generar una diferencia en las condiciones de la recepción de la propia obra. Una vanidad de escritor, por supuesto. Eso puede producirse o no producirse. Pero el que no haya aparecido, la demora en su publicación, no sé por qué, genera expectativa. Cuando terminé de escribir "El absoluto", escribí "La carne de Evita", un libro heterogéneo que combina novela, cuento y teatro. Ahí me llama mi amigo Claudio Barragán y me dice: tengo el libro para vos. Barragán ya me había contado la primera de las historias de "La carne de Evita", y aparece con su hija como personaje, como contador de historias, en mi novela "Derrumbe". Me dice qué libro tengo que escribir, y agrega: tengo 500 historias. Pensé: tengo el libro que me va a acompañar hasta el final de mi vida. Pero calculé que si para escribir las seis biografías que constituyen "El absoluto" tardé 7 años, tengo que escribir ese libro de otra manera. Así en "Genios destrozados" hay 33 historias que escribí en 3 meses, y es un libro breve. ¿Qué son esas historias? ¿Artículos, notas, cuentos? Es un poco indecible. No son artículos periodísticos, pero podrían publicarse de ese modo. ¿Son biografías? No, como biografías son un poquito breves. Algunos sí son cuentos. En un momento interrumpí la escritura porque los cuentos me estaban saliendo demasiado fácilmente. Me dio desconfianza. ¿Qué, me voy a convertir en un cuentista tradicional de anécdotas? No. Corté. Y al retomar tuve una perspectiva distinta. Ahora estoy escribiendo la segunda parte.
P.: Al comienzo del libro dice Primer Tomo.
D.G.: Es un aviso, no necesariamente iba a ocurrir, pero ahora me gustaría escribir las 500 historias. Barragán me propuso un título enfático y poderoso: "La verdadera Historia del Arte". Con 33 historias no puedo pretender dar cuenta de eso. Con 500 historias produzco una ilusión de totalidad. En 500 historias puede haber una recensión suficiente de distintos períodos y perspectivas estéticas. Igual yo me voy bandeando. Hablo de artistas y, de pronto, en el segundo tomo, hay cuatro científicos, hay nuevamente personajes reales y otros imaginarios. Pero "La verdadera Historia del Arte" no se constituye. Este es un libro que supongo va a formar parte de la historia menor del arte.
P.: En algunos de sus relatos hace contrapunto de artistas, el asceta y el libertino, el creador y el farsante.
D.G.: El narrador, que no necesariamente soy yo, tiene una posición antimoderna. Para él el arte moderno se divide entre verdadero y falso, el arte del creador y el arte del farsante. Duchamp estaría del lado del farsante. No es que coincida en esa posición, pero me fue útil para desarrollar el libro. En el segundo tomo ese narrador avanza un poco más a la comprensión de los cánones del arte moderno, desde la performance en adelante, lo que no quiere decir que a mí me interese estéticamente. En términos de lecturas biográficas, un pintor como Renoir es menos interesante que una performer como Marina Abramovic.
P.: ¿Por qué llama "genios destrozados" a un conjunto donde están Picasso, Braque, Rembrandt, Rotko, entre otros?
D.G.: De un modo u otro a todos les termina yendo mal. El título es un hallazgo de mi hija. Cuando terminé el libro le avisé a Barragán que le iba a cambiar su título a la idea de los relatos que me había proporcionado. Era un título demasiado basto para un libro tan pequeño. Le digo: mirá son todos como genios, aunque no todos lo son, que le va más bien mal, aunque no a todos les vaya así. Pasa mi hija, y me dice: entonces, son genios destrozados. Así quedó.
P.: Circula por diversos géneros, un artista, por caso en "Un amor de verano", lo lleva a hacer un cuento policial.
D.G.: El de la pintora de Mar del Plata es un caso policial que me contó la nieta de la protagonista. Yo le inventé un criminal que no sé quién era ni cómo era. Es una disputa estética que se convierte en un crimen entre un cultor de un género popular ya caduco, como el cine policial negro a la vieja usanza, y una forma del arte no comprendida por el asesino.
P.: ¿Por qué en "Un cuento talmúdico" usa iniciales para contar del psicoanalista Jacques Lacan?
D.G.: A mí me cuentan una historia desde una cierta perspectiva de la tribu lacaniana, que no sé si es verdadera o falsa. Sobre que en un momento de su vida Lacan empieza a estudiar topología con un matemático que creo que era su paciente. Al final de su vida, Lacan le da los manuscritos de lo trabajado por él a ese matemático. Muere Lacan habiendo convertido a su yerno, Jacques Alain Miller, en su albacea y su curador, el encargado de la edición de sus seminarios. Eso provoca enconos, disputas, celos en la tribu. Con justa razón o no, no lo sé. Hubo lacanianos que abominaron de ese cuento y me quisieron asesinar. A mí lo que me gusta es que el matemático piensa que los trabajos que él tiene son lo más importante del legado de Lacan, y hay que difundirlos, pero tiene un problema, es enemigo personal de Miller, que tiene la potestad de reproducir la obra de Lacan. Entonces, para no revelar el final del cuento, decide reproducir los trabajos de topología de Lacan de una manera particular. Toda esta historia de chismes y que es la sal de la vida de la tribu lacaniana me resulta muy interesante para contar una nueva versión de "Rey Lear" con el rey Lear muerto, la disputa de los hijos por el legado paterno, quién es el mejor hijo, quién el peor, quién sabe más y quién menos, se equivocó el padre o no se equivocó, ése es el asunto. Y más que eso, es la disputa por el legado de Jehová. Las iniciales fueron simplemente para eludir la posibilidad de molestas complicaciones. A mí me importó para este libro el sesgo artístico de la topología. Le atribuyo en ese cuento a Lacan el haber sabido que se trata de crear formas y que esas formas hablan del universo.
P.: ¿Hubo algún origen íntimo para escribir "Genios destrozados"?
D.G.: Cuando Barragán me propone que escriba la vida de 500 artistas, si pienso que es un libro para mí es porque uno de los libros que más amo es "La boca del caballo" de Joyce Cary, que en cine se llamó "Un genio anda suelto". Trata de un genio destrozado por su pasión vanguardista. Me gusta cuando dice: de pintar lo que atrae es el movimiento inicial, el modo en que la mano hace un trazo, y el resto es un caos. La topología, para volver a lo de Lacan, no es más que pintura abstracta que de algún modo habla del universo. Después de "Genios destrozados" escribí una novela que es sobre una supernova. Hay un punto en la vida del artista en que ya no se piensa en términos narrativos sino en el de productor de formas. Va a las Cuevas de Altamira para dejar una marquita, un signo en la pared. Era algo que sabía Héctor Libertella.
P.: ¿Ahora que está escribiendo?
D.G.: El segundo tomo de "Genios destrozados". Ya llevo 50 relatos, y sólo podré llegar a los 500 si en el decurso de la escritura el narrador se va transformando. Si muta está bien, hacia dónde no sé. Por ahora ha sido pedante, irónico, falsamente elegante, afecta un aire de suficiencia respecto a la disciplina que aborda. Ahora podría encontrarme que no supiera de lo que está hablando, como los de Henry James, o un narrador idiota, como los de Bioy, o uno más sensible. Me importa que la voz vaya cambiando. Aparte de esto voy a dirigir una de mis obras de teatro. Estoy empezando la lectura con dos actrices de mi obra "Pobre Cristo".
Entrevista de Máximo Soto


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