11 de noviembre 2013 - 00:00

Daniel Maza: “Ningún género me es ajeno”

Daniel Maza: “Lo que a mí me gusta es la fusión, que tiene mucho de jazz. Pero la verdad es que me gusta toda la música. Cuando toco cumbia me encanta. Cuando canto boleros me los creo totalmente”.
Daniel Maza: “Lo que a mí me gusta es la fusión, que tiene mucho de jazz. Pero la verdad es que me gusta toda la música. Cuando toco cumbia me encanta. Cuando canto boleros me los creo totalmente”.
Hace ya más de 30 años que vive en Buenos Aires. Sin embargo, su modo de ser y de expresarse siguen dando cuenta de una niñez vivida en el Cerro de Montevideo, rodeado de playas y comiendo corvinas recién sacadas del río que vendían los pescadores ambulantes. Y esa "orientalidad", se deja ver también en ese placer por abarcar diferentes géneros.

Daniel Maza
se mueve por estos días entre sus conciertos con Hugo Fattoruso, en dúo o en un cuarteto que se completa con su coterráneo Martín Ibarburu y el japonés Tomohiro Yahiro, sus presencias en el grupo acompañante de Soledad Villamil y los suyos más propios al frente de un trío o de un quinteto. A la vez, "cuando sale", sigue actuando con la cantante folklórica Lorena Astudillo. En el pasado tocó con Mercedes Sosa, Celia Cruz, Valeria Lynch, Ligia Piro, Jairo, Kevin Johansen, Ray Barreto, Ed Motta, Djavan y Edelmiro Molinari. Y, por estos momentos, participa de un ciclo que en principio será de cuatro fechas, junto a Raúl Carnota, los jueves de noviembre en Salta y Resto.

Periodista: ¿Cuál de todos estos es el Daniel Maza más auténtico?

Daniel Maza:
Me sale decir en principio que lo que a mí me gusta es la fusión, que tiene mucho de jazz. Pero la verdad es que me gusta toda la música. Cuando toco cumbia me encanta. Cuando canto boleros me los creo totalmente. No hace mucho hice un ciclo con invitados en Boris y tuve el gusto de compartir el escenario con gente tan diferente como Ricardo Lew, Jorge Navarro, Julia Zenko, Guillermo Fernández, mi mujer Patricia "Piojo" Zappia, Marián Farías Gómez, Horacio Fontova o Franco Luciani, entre algunos de los que pasaron.

P: ¿Eso es algo suyo?

D.M.:
Yo recibí toda la data en mi casa. Mis viejos escuchaban mucha música y sonaban de igual modo un payador que Chico Buarque, un tema de Nat King Cole o de Los Chalchaleros, una pieza del grupo cubano Matamoros u otra de los Demônios da Garoa. Pero no es que eso pasaba solamente en mi casa; me parece que es algo común a todos nosotros. Del mismo modo, amo al tango, aunque a la hora de hacer música es uno de los pocos géneros con los que no me meto; siento que ahí estaría entrando en un terreno que no es el mío. Me pasaba con el folklore argentino el primer tiempo en que estaba acá; pero eso fue cambiando.

P: Su imagen está asociada al bajo eléctrico aunque en algunos discos ha incluido también el contrabajo de caja, la "chancha". ¿Por qué es menos común verlo tocándolo en vivo?

D.M.
: Es únicamente una cuestión práctica. Muchas veces arranco con la idea de cargarlo y a la hora de salir me da pereza llevarlo. Encima, tengo uno de los más grandes. Pero más allá de esa cuestión operativa, tocar el contrabajo para mí es como le pasa a un pianista cuando pasa de un instrumento acústico a un teclado eléctrico; no tiene comparación. Eso más allá de que requiere trabajar mejor con la técnica para no romperse los dedos y para ser prolijo con la afinación.

P: ¿Cómo va definiendo con qué proyecto va a trabajar en cada momento?

D.M.:
Las cosas se van dando. Por ejemplo, con Lorena Astudillo estuvimos invitándonos recíprocamente y entonces nos dimos cuenta de que ahí había chisperío y que teníamos que hacer algo juntos. Siempre estoy abierto y las cosas van sucediendo.

P.: ¿Ser menos pretencioso ayuda a la hora de moverse en este negocio?

D.M.:
Yo sé lo que me pasa a mí. Nunca tuve problemas. Cuando me llaman a tocar en un grupo, sé acomodarme a lo que hay que hacer. Y cuando el proyecto es mío busco a la gente que también tenga esa capacidad; inclusive, a veces puedo resignar a alguien que toque un poco más en favor de alguien que sea buena persona y con la que me sienta más cómodo tocando.

P: Usted ha compartido discos y escenarios con dos uruguayos muy importantes como Hugo y Osvaldo Fattoruso. ¿Qué significa tocar con ellos?

D.M.:
Son las ligas mayores. Lo perdimos al Osvaldo pero tengo la suerte y el honor de seguir tocando con el Hugo. Que, además, puede ser un gran tipo y, al mismo tiempo, marcarte apenas con una mirada cuando te mandás una macana. En mis comienzos aquí en Buenos Aires compartí noches en un lugar bailable con Luis Salinas, que ya era un grande aunque todavía no era conocido. Ahora estoy armando esto con Carnota, otro de las ligas mayores. Toda gente con la que me da un gran gusto tocar.

P: ¿Sigue sintiéndose uruguayo después de tanto tiempo acá?

D.M.: No dejaré de ser uruguayo nunca. Pero mi casa está acá. Tengo hijos, esposa, nietos, que son todos argentinos. Cuando voy a M
ontevideo (donde me quedan tíos porque mis viejos ya fallecieron), después de un par de días me quiero volver. Lo que pasa muchas veces es que extraño en los dos lados.

P: ¿Cómo será lo que harán con Carnota en Salta y Resto?

D.M.
: Estamos componiendo temas especialmente. Y eso de hacer canciones juntos lo siento como si jugara un picado con Maradona. Es un tipo muy groso que le dio otra cara al folklore. Y lo que vamos a intentar es que él se venga para el lado del candombe y yo me vaya para el lado de su estilo. Seremos los dos más un percusionista.

P: ¿Habrá disco luego?

D.M.:
Eso todavía no lo sabemos. Lo que sí habrá es un disco mío nuevo que voy a grabar en febrero, en trío y en quinteto. Va a ser con música que yo llamo "destilada" (como bauticé a mi primer disco), no porque sea lavada sino porque no se puede definir con ningún estilo. Y quizá termine también grabando esto con Raúl Carnota.

Entrevista de Ricardo Salton

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