4 de febrero 2010 - 00:00

De cómo aludir a los años 70 sin caer en clichés

Norma Aleandro y el niño Conrado Valenzuela, abuela y nieto de «Andrés no quiere dormir la siesta», buen debut de Daniel Bustamante, pese a algunos detalles inverosímiles que no afectan el conjunto.
Norma Aleandro y el niño Conrado Valenzuela, abuela y nieto de «Andrés no quiere dormir la siesta», buen debut de Daniel Bustamante, pese a algunos detalles inverosímiles que no afectan el conjunto.
«Andrés no quiere dormir la siesta» (Argentina, 2009, habl. en español). Guión y dir.: D. Bustamante; Int.: N. Aleandro, C. Valenzuela, F. Aste, M. Melingo, C. Font, J.M. Tenuta, M.J. Gabin, L. Puccia, A. Aller, E. Díaz, B. Sichel.

La mamá de Andrés, separada, está en el dormitorio hablando con un amigo que intenta convencerla de algo. Al chico ese tipo le cae mal, es un intruso. Más adelante el tipo se arriesgará a interceder por él en una situación fea, pero eso no cambia del todo las cosas. Tampoco el padre le cae del todo bien, con sus enojos intempestivos, aunque nosotros veamos que es un buen hombre superado por las circunstancias. El hermano es bueno, pero tienen mucha diferencia de edad. La mamá es buena, es linda, es un ángel, pero muere en un accidente. Entonces los hermanos se van a casa del padre, con la abuela. Ah, la abuela.

La abuela es todo corazón, toda dulzura, es cargosa de tan protectora, pero de a poco vemos que también tiene su parte desagradable. Las cosas se hacen como ella dice. Las cosas pasan si ella lo dice. Y por demostrar que todo lo sabe, confirma pública e innecesariamente que la finada tenía algo con el infeliz que el chico siempre miró con malos ojos. Y al chico le sobra tiempo para procesar mal las cosas.

Enfrente están los tipos del garaje, con la puerta siempre cerrada. Muchachos de pelo medio largo, patillas finas, que toman aire en la vereda. El jefe de ellos, también joven, parece bueno, y por ahí hasta juega a la pelota con los pibes del barrio. Como en la vida real, nadie es del todo malo ni del todo bueno. Ni siquiera el chico es del todo bueno, y ni hablemos de sus compañeros de escuela. Esa visión poco maniquea de la gente que con toda su buena voluntad puede obrar mal sin darse cuenta del todo, es uno de los méritos de la película, un mérito grande. Otro es la descripción justa de esa mentalidad propia del «yo no sé nada», «no pasó nada», y «esto que no se sepa», típico de muchas familias y grupos sociales que así se fortalecen. Otros méritos, las actuaciones, empezando por Norma Aleandro, Fabio Aste, el ñiño Conrado Valenzuela, debutante, y Celina Font como la madre, la producción puntano- santafesina, y la ambientación de Romina Cariola en los 70.

Así es, para agravar el problema, la historia transcurre a fines de los 70. Los muchachos del garaje pueden ser de los servicios, no se dice. «Eso lo soñaste», responde la abuela al niño que quiere contarle lo que vio la noche anterior por la ventana. Un defecto, la escena que vio el niño: demasiado griterío indiscreto. Otro, la inverosímil permanencia de unos papeles también indiscretos. Pero son sólo dos manchas que no afectan la mirada de conjunto. Buen debut del director santafesino Daniel Bustamante, egresado de la Enerc. Habrá que prestarle atención.

P.S.

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