17 de abril 2015 - 00:00

De economista estrella a símbolo de la corrupción

 Madrid - Rodrigo Rato, el político que pudo ser presidente del Gobierno y fue el español que desempeñó el puesto económico más relevante del mundo, fue detenido ayer, durante ocho horas, por supuesto blanqueo de capitales, fraude y alzamiento de bienes. Atrás quedan los años felices en los que, como director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), organizaba la política monetaria mundial y su triunfal regreso a España para hacerse cargo después de la presidencia de Caja Madrid, la formación de Bankia y su salida a Bolsa. Fue precisamente esta entidad la que lo puso en los últimos casi tres años bajo la lupa de la Justicia.

Desde hace unos meses, Rato ha sentido más cerca que nunca su aliento: tras las tarjetas opacas, la frutilla del postre llega por una investigación por supuesto blanqueo tras haberse beneficiado de la amnistía fiscal diseñada por sus propios compañeros de filas.

El escándalo de las "black", unas tarjetas de crédito corporativas que los directivos de Bankia usaron en provecho propio, desatado a fines del año pasado, dejaban muy posicionado al que fue vicepresidente económico del Gobierno de José María Aznar y, aunque el asunto está aún en fase de investigación, sufría su primera condena por parte de la sociedad.

Y es que la ciudadanía no pudo perdonar que, en plena crisis económica, el que fue ministro de Economía tirara de una tarjeta opaca a Hacienda para desembolsar miles de euros en tiendas de arte, locales de ocio o en tiendas de bebidas alcohólicas. A la condena social se le unía la de su propio partido, que durante años lo tuvo como el símbolo y adalid de la recuperación económica, y por la que Rato se vio obligado a pedir la suspensión temporal de su militancia.

Las dos penas adquirieron tintes de firmeza hace apenas dos días, cuando se supo que el que fue máximo dirigente del FMI disponía de fondos en el extranjero que había regularizado a través de la denominada amnistía fiscal que el Gobierno aprobó en 2012. Pero no sólo eso, sino que también trascendía que tras ello. Hacienda comenzó a investigar un "complejo entramado societario familiar" por un posible delito de blanqueo.

Una segunda denuncia de la Fiscalía, esta vez de Madrid, se sumó ayer a la que presentó Anticorrupción a principios de año por irregularidades en sus retribuciones mientras presidió Caja Madrid, pendiente aún de admitirse.

A la espera de saber cómo concluye este último episodio, la imagen de Rodrigo Rato escoltado por agentes de la Policía difícilmente se irá de la retina de los ciudadanos, que ya no lo recordarán por ser aquel negociador hábil, político de raza y de oratoria brillante y fina ironía que en ocasiones pudo tumbar al más avezado interlocutor.

Nacido en Madrid el 18 de marzo de 1949 en el seno de una familia de reconocida tradición empresarial, licenciado en Derecho y en Administración de Empresas por la Universidad de California (Berkeley), antes de incorporarse a la política fue consejero de las empresas familiares.

En 1979 comenzó su trayectoria política en Alianza Popular (AP), aunque adquirió su mayor protagonismo cuando fue elegido para dirigir la política económica del Gobierno en 1996. Siete años después, en septiembre de 2003, compitió con Rajoy para ser candidato a la presidencia de Gobierno, pero finalmente fue designado el actual presidente del Gobierno.

Perdida esta batalla, Rato saltó al exterior como director gerente del FMI, cargo que asumió en 2004, y desde el que impulsó un cambio en la forma de distribuir el poder entre los países miembros, lo que supuso el mayor plan de reforma desde la fundación del organismo. Sin embargo, en junio de 2007 anunció su decisión de abandonar su cargo por motivos personales, lo que desató especulaciones sobre su regreso a la vida política española.

Agencia EFE

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