2 de mayo 2011 - 00:00

Declararon beato a Juan Pablo II ante un millón y medio de fieles

Una impactante multitud siguió en la Plaza de San Pedro y en las afueras del Vaticano la beatificación de Karol Wojtyla (izquierda). Una ovación se escuchó al exhibirse su retrato en la fachada de la basílica (arriba).
Una impactante multitud siguió en la Plaza de San Pedro y en las afueras del Vaticano la beatificación de Karol Wojtyla (izquierda). Una ovación se escuchó al exhibirse su retrato en la fachada de la basílica (arriba).
Roma - El papa Benedicto XVI beatificó ayer a su antecesor, Juan Pablo II, seis años después de su muerte, durante una ceremonia celebrada en la Plaza de San Pedro en Roma ante la presencia de un millón y medio de fieles.

«¡Juan Pablo II es beato!»
, exclamó Benedicto XVI ante los congregados en la plaza, muchos de los cuales ondeaban banderitas rojas y blancas de la Polonia natal de Karol Wojtyla.

Unos rezaban arrodillados mientras otros no podían contener las lágrimas de emoción cuando se descubrió un enorme retrato de un Juan Pablo sonriente colgado del balcón central de la Basílica de San Pedro.

El Pontífice alemán, de 84 años, explicó que había sido su deseo que el proceso de beatificación se llevara a cabo «con bastante rapidez» porque ya durante los funerales de Juan Pablo II se podía percibir «el aroma de su beatitud».

Karol Wojtyla, fallecido el 2 de abril de 2005, fue declarado beato en un tiempo récord. Muchos católicos ya habían reclamado la santificación de Juan Pablo II, que dirigió la Iglesia Católica durante más de 26 años, el mismo día en que fue enterrado, el 8 de abril. Apenas tres después se inició el proceso de beatificación, cuando normalmente suele comenzar como muy pronto cinco años después de la muerte.

El día esperado

«Ha llegado el día esperado», dijo el jefe de la Iglesia Católica. Este día «ha llegado rápido porque el Señor así lo deseaba», agregó.

Joseph Ratzinger destacó, al referirse a su predecesor, que «este hijo ejemplar de la nación polaca ayudó a los cristianos en todo el mundo a no tener miedo a llamarse cristianos, a pertenecer a la Iglesia y a hablar del evangelio».

Es la primera vez en la historia que un papa beatifica a su antecesor inmediato.

El pasado enero, el Vaticano dio luz verde a la beatificación de Juan Pablo II al reconocer la supuesta curación de la monja francesa Marie Simon-Pierre, que sufría la enfermedad de Parkinson. Simon-Pierre participó también en la misa de beatificación, llevando al altar una ampolla que contenía sangre supuestamente extraída a Juan Pablo II unos días antes de su muerte, según el Vaticano. Para su proclamación como santo, el Vaticano tendría que reconocer un segundo milagro del anterior pontífice.

«Él abrió la sociedad, la cultura, los sectores de la política y la economía a Cristo», añadió Benedicto XVI. Wojtyla «nos devolvió la fuerza para creer en Cristo». Además, el Papa destacó el papel del pontífice polaco en su lucha contra el comunismo y la ideología soviética antes de la caída del Muro de Berlín.

A la ceremonia, que se llevó a cabo bajo un cielo ligeramente nublado, acudieron delegaciones de alto rango de unos 90 países, que incluían a 16 presidentes y representantes de cinco casas reales. Entre ellos se encontraban el presidente polaco, Bronislaw Komorowski; su homólogo italiano, Giorgio Napolitano; el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi; el rey Alberto II de Bélgica; el presidente mexicano, Felipe Calderón, y el primer ministro francés, François Fillon.

También acudió el controvertido presidente zimbabuense, Robert Mugabe, a quien la Unión Europea (UE) prohíbe la entrada en su territorio por sus violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el Vaticano es un Estado soberano no miembro. Mugabe también acudió al funeral de Juan Pablo II en 2005.

Más de un millón de peregrinos llegaron a Roma para asistir a la ceremonia. Ante la Basílica de San Pedro, fuertemente asegurada, alrededor de 80.000 presenciaron el solemne acto.

Un total de 14 pantallas gigantes fueron instaladas en plazas de Roma para transmitir la ceremonia, que había comenzado el sábado con una vigilia nocturna en el Circo Massimo, en el que Benedicto se dirigió a los presentes con un mensaje de oración y la monja francesa contó su supuesta curación. Ocho iglesias romanas permanecieron abiertas toda la noche.

Al término de la misa de beatificación, los fieles comenzaron a desfilar ante el féretro que guarda los restos de Juan Pablo II, expuesto en el interior de la Basílica de San Pedro.

La beatificación fue celebrada también con ceremonias en otras ciudades del mundo, como en Israel, Filipinas o la Wadowice natal de Wojtyla, en Polonia. Allí fue arzobispo de Cracovia durante muchos años.

Agencias DPA, Reuters, AFP y EFE

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