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Déficit fiscal: por qué se lo debe bajar
El problema cambiario actual es la punta del iceberg. Si se observa debajo del nivel del agua, primero aparece el problema inflacionario y más abajo aún el desequilibrio fiscal o financiero del Tesoro. El déficit sobre la línea se ha buscado financiarlo emitiendo pesos y el pago de deudas usando reservas.
La consecuencia ha sido un cóctel complicado: más emisión espuria de pesos junto a menor cantidad de reservas, generando más pesos por cada dólar de reserva del BCRA.
Resulta necesario eliminar la causa de la emisión de pesos. Se requiere disminuir el déficit fiscal para bajar la emisión monetaria y de ese modo disminuir la posibilidad de convalidar valores crecientes de las variables nominales como los precios, el valor del tipo de cambio ilegal, etc. Así como también para no incentivar la demanda de bienes o servicios que terminan requiriendo dólares oficiales, como lo es el turismo de argentinos en el exterior.
No es una utopía. El año pasado el sector público generó una emisión de base monetaria de $ 94.000 millones, casi el doble de emisión que la que había requerido en el año 2012. Una variación anual muy por encima de la de cualquier variable económica que se considere. Entre los años 2010 y 2012 la emisión para el fisco fue equivalente a la mitad de la emisión final de base monetaria. En 2013 la superó en un 35%.
Hay distintas vías para reducir el déficit fiscal y, como es lógico, la decisión final es una cuestión de economía política. Si la baja del déficit fiscal se busca por reducción/eliminación de subsidios económicos, esto implicaría pagar un costo de una suba de precios por única vez, siendo lo más lógico y probable que el Gobierno recurra a una reducción/eliminación de subsidios a servicios públicos de determinados estratos poblacionales, focalizándolos en las personas de menores recursos. Los subsidios económicos no son la única fuente de potenciales recursos, pero tal vez la de más rápido efecto. Aunque se requiere un diseño del plan, sostenible y viable desde el inicio.
Se pueden realizar acciones de corto plazo, que independientemente de las que se elijan, considero que hay que implementarlas. Dotar de mayor consistencia a la tasa de interés, inflación y tasa de devaluación es clave para evitar que el proceso actual continúe y golpee aún más fuerte sobre las expectativas de los agentes económicos.
Pero si no se avanza con la reducción del déficit fiscal y su monetización con un plan creíble, las distorsiones pueden seguir incrementándose.
En este contexto actual, es positiva la señal que el Gobierno está dando a nivel internacional en el sentido de cumplir de alguna manera con los compromisos, con el objetivo de que eso puede acercar dólares de alguna fuente. Aunque no es algo que brinde resultados en el corto plazo, resulta un complemento imprescindible de lo anterior.
En síntesis, si no se da consistencia a la política fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos, resultará más complejo cortar la expectativa respecto de que la tendencia actual en materia inflacionaria y cambiaria continuará. Hoy ese objetivo es vital.

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