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Deforestación amazónica en su mínimo histórico
El Gobierno brasileño anunció que la deforestación en el Amazonas cayó a su mínimo histórico.
Allí, Brasil quiere mostrar que es una de las pocas economías importantes que ha recortado significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero, que se originan principalmente de la quema o la descomposición de árboles. «Honraremos el compromiso que hicimos y no necesitamos favores. Lo hacemos porque es nuestra obligación», declaró el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
El mundo desarrollado no está acordando recortes ambiciosos en emisiones y no está siendo transparente sobre la ayuda financiera que brinda a las naciones en desarrollo, agregó.
La deforestación en Brasil cayó a cerca de 6.500 kilómetros cuadrados en los 12 meses hasta julio de 2010, un declive de un 14% desde el mismo período del año previo.
Esta es su tasa mínima desde que comenzaron a efectuarse mediciones en 1988. Su nivel máximo registrado fue de 29.100 kilómetros cuadrados a mediados de la década de 1990.
Lula criticó a las naciones industriales por carecer del compromiso para recortar los gases de efecto invernadero, diciendo que era decepcionante que casi ningún jefe de Estado asiste a la cumbre de Cancún. «Esto no conducirá a nada», dijo el mandatario durante una ceremonia en Brasilia.
Una mayor fiscalización y la presión de grupos de consumidores fueron clave en la reducción de la deforestación.
En los años recientes la agencia de control ambiental del Gobierno ha multado a los ganaderos y leñadores ilegales, confiscaron sus productos y cortaron sus créditos bancarios.
Las industrias de la carne y la soja declararon voluntariamente que no aceptarán productos procedentes de áreas desforestadas ilegalmente.
La última reducción en la deforestación ocurrió pese a los altos precios de las materias primas, que usualmente empujan a más leñadores y ganaderos a la selva en busca de tierras baratas.
«Se ha producido una disociación, éste es un gran paso adelante», dijo Paulo Barreto, analista del centro de estudios Imazon en Belem.
«Por supuesto, aún es una tasa inaceptable y el Gobierno necesita hacer más para apoyar a los pequeños actores que operan en la Amazonia», dijo Barreto, citando la reciente presión financiera y de la opinión pública sobre los rancheros como una razón del progreso.
El área destruida aún tiene la extensión de un país pequeño y fue mayor que los 5.000 kilómetros cuadrados que había previsto la ministra de Medioambiente, Izabella Teixeira.
Para 2020 Brasil quiere bajar su objetivo anual de deforestación a 3.500 kilómetros cuadrados.
Funcionarios también sostienen que debe hacerse más para promover actividades económicas alternativas en la empobrecida región. «No mantendremos los árboles en pie a menos que desarrollemos economías basadas en la selva», sostuvo Roberto Vizentin, un director en el Ministerio de Medioambiente, mencionando a compañías farmacéuticas y de cosméticos que están desarrollando productos a partir de plantas.
«Estas (economías) necesitan crear valor agregado y empleos en la selva, no en las grandes ciudades», agregó en una ceremonia donde Lula entregó títulos de propiedad a comunidades que viven en la selva amazónica.
Agencia Reuters


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