19 de diciembre 2011 - 00:00

Déjà vu: Cristina con un debut agitado entre cuatro tensiones

Cristina de Kirchner no pudo, aunque tampoco se esforzó demasiado, evitar el estallido de Hugo Moyano. La interlocución fracasó por una razón sencilla: fue ejecutada desde el moyanismo. Y la Presidente lo tradujo como todo lo que viene del camionero: un apriete.

Los términos de la convivencia, según el protocolo K, son claros: el jefe de la CGT debe asumir el mando de la Presidente y desistir a operar con autonomía dentro del dispositivo oficial. A poco de morir Néstor Kirchner, Cristina le notificó esas condiciones a Moyano.

Las gestiones -curiosamente fue Omar Viviani, un ortodoxo, quien motorizó el planteo dialoguista con la Casa Rosada- estaban, de antemano, condenadas al fracaso. Aceptar una tregua implicaba ceder. O, al menos, asumir su temor ante un Moyano desbocado.

En la lógica que administra la Presidente, la mínima aceptación de prerrequisitos ajenos, se asume como una traición a la Patria: ganó con el 54% y asumió, el 10 de diciembre, con valores inusuales de respaldo -69%- para un dirigente político que estuvo en un piso casi irremontable de los 20 puntos.

Sin embargo, más allá de las amenazas repetidas y de larga data, el conflicto con Moyano es el único que la Casa Rosada no eligió -unilateralmente- detonar en este momento. No hizo, es cierto, lo necesario por evitarlo.

Es distinto con los otros tres expedientes que agitan las primeras horas de Cristina reelecta: el operativo desgaste de Daniel Scioli; la nueva embestida contra Clarín con el proyecto de Papel Prensa, y la eliminación de subsidios en servicios públicos.

Dos son de naturaleza política; el otro de raíz económica. Los tres -el de Moyano tiene su propio calendario- aparecen atados al período de buena estrella del debut del segundo mandato cristinista. La regla indica es que un ajuste y las batallas más densas se dan desde la cima.

Los tres, además, tendrán su impacto real a lo largo de 2012 o, quizá, entrado 2013. Un caso testigo: la real percepción de la baja de subsidios se espera para marzo o abril del año próximo, cuando además podría eslabonarse con otras subas como las cuotas de los colegios.

El proyecto sobre Papel Prensa sería aprobado esta semana, pero como ocurrió con la ley de medios, su implementación demandará un tiempo y podría, como la norma para el segmento audiovisual, tener derivaciones en la Justicia. En Casa Rosada creen que será, de todos modos, menos engorrosa que la ley anterior.

La batalla con Scioli, que estrenó la JP de José Ottavis -forman parte, genéricamente, de La Cámpora pero son un espacio con identidad y juego propio- responde al mediano plazo. Es clara la voluntad del kirchnerismo de limitar al gobernador, sacarlo de carrera o esclavizarlo.

Es incierto establecer dónde y cuánto Scioli recuperará la calma. Apostará a que la temporada de verano le permita salir del enredo político-policial que estalló durante su jura por el choque entre policías bonaerenses y militantes de la Juventud Peronista-La Cámpora.

Ese capítulo está, todavía, latiendo: la cesantía a uniformados derivó en otro conflicto, un acuartelamiento que venía gestándose como parte de una supuesta demanda salarial pero que tiene otra matriz, el olfato policial para intervenir cuando hay tensión política.

Aun con sus diferencias, ninguno de los tres frentes se resolverá definitivamente en el mediano plazo. Lo de Moyano es diferente: hay una fecha, junio del año próximo, que oficia de límite para que la Presidente resuelva si quiere al camionero dentro o fuera del planeta K.

A mediados de año se define la jefatura de la CGT y para entonces la Casa Rosada tiene que tener definido en qué términos encarará los próximos años.

Es, en cierta medida, un déjà vu: en 2007, Moyano tuvo su festejo del camionero con algunas frases duras para la naciente Presidente pero Néstor Kirchner ordenó ese vínculo y lo tuvo, en general, controlado. De hecho, terció para que el camionero renueve en la CGT.

Hasta ahora, la voluntad de Cristina no parece ser ésa.

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