Dejar una huella

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Andrea Nallim, junto a su hermano, fundaron empresa de reciclaje de residuos electrónicos.


Saber aprovechar una oportunidad. Desde 2008 la mendocina Andrea Nallim y su hermano Farid comenzaron a idear un emprendimiento ecológico. "En ese momento no estábamos vinculados a nada relacionado con los residuos", recuerda, pero las ganas de hacer pudieron más y en ese año se presentaron a un concurso de modelos de negocios que tras quedar bien posicionados pudieron viajar a Buenos Aires para capacitarse. Recién en 2010 vio la luz Reciclarg, una Empresa B que se dedica al reciclaje de residuos electrónicos.

"Para nosotros es importante concientizar sobre la problemática de los residuos electrónicos y el consumo consciente", explica esta administradora de empresas de 42 años que meses atrás recibió un premio de la ONU por su labor como emprendedora sustentable.

Más allá del apoyo logístico para iniciar, lo cierto es que los capitales fueron 100% propios y contaron con ayuda de "la familia, los locos y los amigos", dice Gabriela. Además recuerda que como son una Empresa B tienen un propósito de impacto positivo ambiental. Reciclarg retira desechos tecnológicos de particulares, empresas y organismos de Gobierno para luego tratarlos mediante reciclado, reutilización o como materia prima para artículos de librería o juegos para niños.

"Lo lindo de emprender es hacer lo que a uno le gusta y saber que dejás su huella. Que lo que hacés es un beneficio para las generaciones futuras", define. En cuanto a lo negativo remarca la dificultad para acceder al financiamiento y "sobre todo la incertidumbre política y economía que vive el país".

"Emprender es para todo el mundo, pero emprende quien se anima y se arriesga", reflexiona y concluye: "Saber que uno puede hacer la diferencia nos motiva a seguir todos los días".

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