21 de abril 2009 - 13:00

“Dejé porque no hubiera sido feliz siendo el 10 del mundo”

• El alemán Boris Becker, de paso por la Argentina, alejado del tenis desde 1999, ahora juega poker

Boris Becker en acción, durante la quinta y última etapa del Latin American Poker Tour que se desarrolló en Mar del Plata.
Boris Becker en acción, durante la quinta y última etapa del Latin American Poker Tour que se desarrolló en Mar del Plata.
Fue la primera vez que visitó la Argentina. El alemán Boris Franz Becker, quien llegó a ser el N° 1 del mundo el 28 de enero 1991 dejó el tenis en 1999 y desde hace un año se volcó a la práctica del poker, un juego que, para muchos, incluido él, ya es considerado como un deporte.

El fin de semana fue la figura que atrapó la atención de más de un millar de personas que se dieron cita en el Casino Provincial de Mar del Plata, donde se desarrolló la quinta etapa del Latin American Poker Tour. Fue eliminado rápidamente, pero resultó la excusa perfecta para hablar de tenis, del actual y del pasado, de fútbol, de Maradona y de poker.

P.: ¿Sigue jugando al tenis?

B.B.: Muy poco. Lo hago sólo en dos torneos de veteranos por año porque me gusta estar en contacto con la gente. Pero no quiero jugar mucho porque sé que lo hago distinto a cuando tenía 25 años. El tenis es un libro que cerré en mi vida.

P.: Esto quiere decir que a usted no le costó mucho asumirse como un ex jugador.

B.B.: No, porque jugué del 84 al 99 en forma continua y me retiré satisfecho. En el tenis se siente mucha presión y en el momento de retirarme ya había asumido que no era tan bueno y que ya no podía volver a ser el N° 1. Cuando sentí que no podía aspirar a serlo dije basta. Yo no sería feliz siendo el N° 10 del mundo.

P.: ¿Quién fue su gran rival?

B.B.: Stefan Edberg. Éramos parejos jugando al tenis, pero era él o yo.

P.: ¿Con qué jugador actual se siente identificado?

B.B.: Con Roger Federer, por su manera de jugar. Creo que este año hasta podrá volver a ganar Wimbledon, aunque ya no volverá a ser número uno.

P.: ¿Nadal o Federer?

B.B.: El tenis es como el poker, con muchos torneos dando vuelta. Así que uno puede elegir al mejor jugador de acuerdo con el momento que está jugando. En los últimos doce meses no hay dudas que el mejor jugador fue Nadal.

P.: ¿El mejor tenista de la historia?

B.B.: Pete Sampras, sin duda. Fue un jugador explosivo.

P.: ¿Qué opina del tenis argentino?

B.B.: Argentina siempre saca buenos jugadores. No sé cuál es el secreto para tener tan buen semillero. Ahora, Del Potro, Nalbandian, Gaudio...; antes, Vilas, Clerc, Jaite, Mancini, Pérez Roldán...

P.: ¿Qué recuerda sobre los enfrentamientos con Guillermo Vilas?

B.B.: Guillermo Vilas fue el primer jugador top con el que yo tuve oportunidad de practicar, cuando comencé a jugar profesionalmente en 1984. Él me ayudó y fue muy importante para que tenga el récord con el cual gané mi primer Wimbledon. Así que le estoy eternamente agradecido.

P.: En la Copa Davis, cuando se forma un grupo, ¿los integrantes deben ser amigos para lograr los éxitos?

B.B.: No es necesario ser amigos, pero sí que todos estén en la misma sintonía. Los jugadores tienen que entender lo que está en juego. Hay que dejar las relaciones personales de lado y ser profesionales. Ahora, es verdad que si el grupo está integrado por amigos, mejor.

P.: ¿Por qué tanto usted, como McEnroe o Vilas no están entrenando jugadores o trabajan con sus respectivos equipos nacionales?

B.B.: En muchos casos porque cuando uno para de jugar por algunos años no quiere saber más nada. Por otro lado, los que queremos trabajar con equipos de Copa Davis de nuestros países no podemos porque no hay Federación que se lleve bien con los jugadores. Es el caso de Argentina con la de su país y Vilas ¿no?

P.: ¿Qué diferencias hay entre el tenis y el poker?

B.B.: Creo que combinan varias cosas, tiene mucho que ver con el tenis, aunque no nos movemos tanto, pero requiere mucha concentración y paciencia y no es la primera mano la que cuenta sino la última. Ambos son juegos de uno contra uno: allí está la red y acá la mesa.

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