Del mercado informal a la promoción de afroempresarios

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SUSTENTABILIDAD - La brasileña Adriana Barbosa pasó de vender ropa en ferias callejeras a liderar los afronegocios en su país. La búsqueda de trabajo derivó en la creación de una feria que promueve la cultura y los negocios de afrodescendientes y los cone

La historia de Adriana Barbosa muestra como la necesidad de empleo se transformó en la creación de una feria callejera que derivó en la promoción de los afronegocios en Brasil. Además, la aparición en el mercado de un jabón para la población negra encendió la chispa en esta emprendedora que decidió enfocarse en un sector del negocio poco explorado en el país vecino. Hoy esta paulista se dedica acelerar, conectar y promover negocios para este segmento y trabaja con empresas para fomentar la diversidad en su cadena de valor.

En 2002 Adriana había sido despedida junto a una amiga de una productora cinematográfica donde trabajaban y salida que encontraron fue vender en las ferias de la calle. "Ella vendía pastel y yo indumentaria", recuerda 16 años después.



Tuvieron una primera etapa de exploración y de recorrer distintos mercados alternativos donde muchas veces el trueque era la manera de comercializar. Hasta que en una de las ferias de Vila Madalena, la zona bohemia de San Pablo, fueron saqueadas y perdieron casi toda su mercancía. "Ahí decidimos que era hora de hacer nuestra propia feria, que tuviera que ver con nuestra historia, con nuestra identidad", explica. Por ello, ese mismo año crearon la Feira Preta (Feria Negra) en la Plaza Benito Calixto con el propósito de trabajar con dos segmentos. Por un lado, con una multiplicidad de lenguajes artísticos -arte, música, danza- y por el otro, con un área de emprendedurismo enfocado en la estética negra.

La primera Feria Negra vio la luz en noviembre de 2002 con cerca de 40 expositores además de shows musicales y presentaciones artísticas al aire libre. En ese momento reunieron 5000 personas lo que fue considerado un éxito dado que se trataba de una primera experiencia. "En la época, se lanzó un jabón para piel negra y eso confirmó la visión y la reflexión de que realmente había un mercado en ese público y que estaba en el camino correcto", refuerza. Y los datos también los determinan: según la última Encuesta Nacional por Muestra de Domicilio (PNAD), el 56% de los brasileños se declaran negros o pardos, es decir son más de la mitad de la población y representan un potencial de mercado que no estaba recibiendo la atención de las grandes marcas.



"Mi idea siempre fue traer nuestra cultura y nuestra personalidad al espacio de las ferias. Productos orientados a la estética negra, producidos en su mayoría por emprendedores negros. La feria es una plataforma creada para celebrar y divulgar las costumbres y tradiciones de la población afrobrasileña y para fomentar negocios de emprendedores de la comunidad", resume.

En la actualidad este modelo se mantiene con nuevas dimensiones. Pasó de la pequeña plaza en Sao Paulo al Anhembi Morumbi, uno de los mayores centros de convenciones de la ciudad donde cada noviembre más de 700 expositores intercambian productos en la que se convirtió en la feria de este tipo más grande de América Latina.



En el trayecto hacia este presente Barbosa delineó varias iniciativas para este segmento de la población. En 2009 la Feria Negra se formalizó como un instituto y se creó el primer coworking en Brasil para acelerar la conexión entre afroempresarios. En la llamada Casa Preta se organizan cursos, exhibiciones y venta de productos Afro. "Además de creer en la importancia de la representatividad, estas iniciativas tienen por objetivo suplir una falta de oferta de productos para un nicho de mercado muy grande y poco explotado", sostiene.

En la lista de acción se puede incluir la inauguración de Afrolab, un programa nacional implementado en coordinación con el gobierno, el British Council y empresas que busca promover la diversificación de la economía afro a través de la expansión de negocios innovadores, viables y sostenibles.



Para la creadora de este modelo, se trata de un negocio de impacto social y económico porque está enfocado a un segmento poblacional que es mayoría en Brasil, pero es minoría en acceso. Pero recalca que se trata de un formato de responsabilidad compartida, en la que la iniciativa privada, el Estado, el emprendedor y la organización tienen que aportar un poco para que el modelo siga existiendo. "Es como si fuera un engranaje que necesita todas las piezas. Si falta alguna, la máquina deja de funcionar", dice.

El último salto se dio en 2016 cuando crearon el Black Codes, que es una consultoría que propone la inclusión de temática racial de manera transversal en el ecosistema de las empresas. La tarea consiste en contactar con altos ejecutivos corporativos en Brasil incidiendo en sus políticas de contratación y retención de empleados. En esa línea, promueve incluir a los afroempresarios en la cadena de valor de las empresas e incidir en sus prácticas internas de compra, con la inclusión de productos y servicios de este segmento.

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