19 de marzo 2012 - 00:00

Desabastecimiento

Si la pelota no llega, da lo mismo que arriba estén Cavenaghi, Trezeguet, mi vieja o Don Cosme. Porque los delanteros necesitan proveedores, asistencias, pelotas cortadas entre líneas, un conjunto de acciones punzantes para que puedan definir.

En River es la tarea del Chori Domínguez. Pero lo encerraron, lo presionaron, lograron ponerlo molesto -algo que le cuesta poco- y el Chori no supo resolver ese dilema.

El que dio cátedra de cómo hacerlo fue David Trezeguet. Porque no hay necesidad de franelear la pelota cada vez que se la recibe, hay que tocar de primera e ir a buscar la descarga, como dice Moria «touch and go».

Entonces no sorprende que hasta los 39 minutos del primer tiempo, excepto un remate de Sánchez a los 4 minutos 30 segundos que el arquero desvió al córner, River fue un mar de dudas, imprecisiones, confusión y desconcierto.

-Una, una River por favor!!! Hagamos tres pases seguiditos muchachos. No te pido veintiocho como el Barcelona, te pido tres (eso lo escuché en algún lado).

Merlo, por suerte poco y nada, porque de haberse animado no sé qué hubiese pasado frente al nerviosismo que muestra Funes Mori cada vez que la pelota le pasa por los pies. El Chanchi Estévez se las ingeniaba para intentar algunas maniobras ofensivas pivoteando sobre el sector izquierdo y descargando en el negro Blanco (valga la contradicción).

-Paremos al moreno por favor!!! Es un tanque hermano, te tira el cuerpo y te deja enterrado en el sopi.

A los 39 vino un centro desde la izquierda del pibe Ocampos, que hasta ese momento había sido sólo voluntad y entrega. La pelota medio llovida fue impactada de cabeza por Trezeguet, se estrelló en el ángulo, y el rebote le quedó justito para un nuevo cabezazo acomodándola sobre el otro palo.

-Gooolll!!!!!! Que golazo!!! Mirá dónde la puso!!! Qué calidad tiene este muchacho.

La verdad es que después de tantos años de ver picapiedras, chocadores, rústicos, de repente un jugador fino, elegante, que define como los dioses, es volver a vivir en un club como River. Tenemos el ojo hecho para este tipo de jugadores.

Arrancó el segundo tiempo con la promesa de generar algo de fútbol, porque Trezeguet había abierto el partido por exclusivo mérito propio.

A los 6 minutos se perdió el empate el Chanchi Estévez con un cabezazo que rozó el palo.

-No quiero ver la película de siempre River!!! De-fi-na-mos !!! Porque nos embocan de chiripá y se nos viene la noche. ¿Cuántos partidos tienen que pasar para que les encontremos la vuelta a estos equipos?

A los 25 minutos del segundo tiempo, el remate de Sánchez al inicio del partido y el gol de Trezeguet seguían siendo las únicas maniobras ofensivas de River.

Hasta que Vela recuperó una pelota en propio campo sobre la derecha, buscó a Trezeguet, que como toda la noche tocó hábilmente de primera a Domínguez. Y el Chori, en el único acierto de toda la noche le puso un pase en profundidad a Fernando Cavenaghi que definió como lo hacen los cracks, por arriba del arquero que quedó como inmóvil como en un metegol.

-Gooolll!!! Gooolll!!! Ahhh. Ahora sí, a respirar tranquilo. Que nervios tenía mamita querida!!!

Son esos típicos partidos que al final nos empatan. Por suerte esto es definitorio.

Todavía faltaba mucho pero Merlo ni siquiera presionaba a fuerza de amor propio. A partir de ahí Almeyda hizo ingresar a Aguirre por Ocampos, Cirigliano por el Chori y Funes Mori por Trezeguet como protegiendo algunos nombres de futuras lesiones o sanciones.

Hubo tiempo para que Ponzio, el mejor jugador de la cancha, con su criterioso andar llevara la pelota al pie y descargara justo para que el Cavegol defina y se trepe a la tabla de goleadores.

Ganó River. Lo hizo porque sus delanteros demostraron que si hay abastecimiento, hay gol. Pero no hay que confiarse demasiado en la capacidad individual de ninguno. El juego colectivo el sábado no apareció nunca, y lo mejor pasó por Ponzio y Sánchez, que están para otra función.

Mucho para mejorar en la semana. Más volumen de juego, más dinámica, desprenderse con mayor velocidad de la pelota.

Se viene la recta final, ahora hay que mostrar la mayor personalidad y solidez en todas las líneas.

No es bueno preparar de antemano la fiesta, pero al menos reservemos fecha.