12 de enero 2012 - 00:00

Desalientan liquidación de Corporación Puerto Madero

Fernando Suárez
Fernando Suárez
Un debut inusual tuvieron ayer las nuevas autoridades de la Corporación Puerto Madero de Buenos Aires, al entregarse a un debate tan pretencioso como el de la razón de existir (de ese organismo, claro). Es que este año, cuando pasaron 20 de su creación, supuestamente la actividad habría concluido y así quedaría para la historia la foto plasmada del proyecto urbanístico más ambicioso de los últimos años para la Ciudad, o por lo menos el que se concretó en esa sintonía.

Sin embargo, la creatividad y la necesidad harían persistir para otros fines esa corporación que creó el exintendente Carlos Grosso y en la cual sigue ocupando una silla uno de sus fundadores, el arquitecto Alfredo Máximo Garay.

Ayer, asumieron formalmente nuevos directores, aunque en los papeles ya estaban designados un grupo de macristas y kirchneristas que comparten mesa.

Al mando está Fernando Suárez, quien pasó, tras ocho años como titular de la ONABE (el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), a ese sillón de privilegio, ayer, cuando se reunió por primera vez el nuevo staff. Suárez reemplaza así al fallecido Iván Heyn, quien había dejado el cargo para asumir como subsecretario de Comercio Exterior.

La vicepresidencia la continuará Eugenio Indalecio Breard, designado por Mauricio Macri. También partió del organismo el exlegislador Alejandro Rabinovich (un rebelde de Elisa Carrió que terminó en afinidad política con Gabriela Michetti), nuevo administrador del Consejo de la Magistratura porteño. El jefe de Gobierno dejó dos sillas para funcionarios del área del Ministerio de Desarrollo Urbano y de subtes, Darío Sarquis y Daniel Duvinsky, y el plantel K se completa con Osvaldo Peña y Garay. La cuestión es que, en principio, el Gobierno porteño recibirá este año la transferencia de los servicios que ahora solventa la Corporación dentro de su perímetro, pero el impacto no será tan sensible como ocurrió con los subterráneos, porque ya la Ciudad comparte por mitades esas actividades, tales como el pago de iluminación o mantenimiento de espacios verdes.

Más allá de eso, nada parece indicar que en breve, Puerto Madero pase a ser administrado como un barrio más, en rigor perteneciente la comuna 1 que integran también Constitución y Retiro. En cambio, habría nuevos proyectos por fuera de la geografía que le dio sentido, que prosperarían para prolongar la vida útil del organismo.

Al menos, infidentes de la reunión de ayer aseguraron que Suárez no llega con mandato de liquidador, todo lo contrario llevaría oxígeno al directorio. El presidente de la Corporación, en principio viene a completar el cargo que por dos años tenía Heyn, por lo cual le restan seis meses de mandato. Para estar ese tiempo (por dos años se conservan los cargos y usualmente alternan la presidencia entre porteños y nacionales) Suárez proviene de un lugar estratégico. Es que el récord de permanencia que tiene en la titularidad del ONABE parece clave para los nuevos proyectos de la Corporación, que buscará expandir su estrategia en otras zonas de la Ciudad, precisamente donde se encuentren tierras fiscales desocupadas, no necesariamente para transformarlas en barrios vip.

«La Corporación Puerto Madero puede ser desarrolladora de áreas urbanas para otros sectores sociales, y con otras características», apuntó el debutante titular, dando como ejemplo 18 hectáreas en la zona del arroyo Cildáñez, en el sur porteño, que fue un polvorín.

En la mira también está la construcción de la mentada Autopista Ribereña y el desarrollo de otros sectores de la costanera, más allá del barrio Puerto Madero.

Los directores se extendieron en ese debate hasta que, aseguran, coincidieron en que el estatuto de la Corporación la faculta también para el desarrollo en otros puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Todo un alivio para ese plantel, y una bocanada de ánimo para el macrismo, que debería conducir el organismo en un nuevo período. Por ahora, el cumpleaños 20 de la entidad, que se festejará el 8 de julio próximo, parece alentar la imaginación para nuevos proyectos. Después de todo, Macri, que viene reclamando la transferencia de tierras fiscales nacionales a su órbita, compartiría el gasto de la urbanización.

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