“Desde lo real construí una fantasía que pinta una época”

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El chileno Antonio Skármeta conquistó el Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa 2011 con la novela «Los días del arcoiris», donde recupera los días en que Augusto Pinochet decidió someter a votación su continuidad por 8 años más (llevaba 15 en el poder) y para ello convocó a un plebiscito. La elección se dividió entre el «Sí» al dictador, y el «No» que congregó a 16 partidos políticos y sectores independientes. Skármeta recobra la epopeya del «No» a través del hijo de un profesor de filosofía que es detenido, y un creativo publicitario que fuera secuestrado y torturado tiempo atrás y ahora es reclamado por los pinochetistas, pero deja de lado sus miedos y colabora con el «No». Skármeta lleva escritas novelas, libros de cuentos, obras de teatro y guiones que le han hecho cosechar numerosos lauros. Dirigió películas, obras teatrales y ciclos televisivos. La fama internacional le llegó gracias a su novela «Ardiente paciencia», reeditada luego como «El cartero de Neruda», a raíz del éxito de su adaptación cinematográfica. En su breve visita a Buenos Aires para presentar su nueva novela, dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué lo llevó a contar en «Los días del arcoiris» el episodio electoral que en Chile marcó una nueva época?

Antonio Skarmeta: Me pareció importante. y artísticamente emocionante, dar a conocer la historia de esa pequeña epopeya en todo el mundo porque habla del camino a la libertad, de la imaginación, de la fantasía y de la participación de la gente en la formación de la democracia.

P.: Pone a su principal protagonista, un publicitario, en una disyuntiva no muy habitual en los miembros de esa profesión.

A.S.: Es cierto, los publicistas muchas veces no tienen ningún problema de elegir entre hacer una campaña publicitaria para un producto determinado o para el de la competencia. La gracia con la que comienza esta novela es que al publicitario Adrián Bettini le pide Pinochet que haga la «Campaña por el Sí», y la oposición que haga la «Campaña por el No». Y ese hombre que tiene un corazón democrático y libertario opta por planear la «Campaña del No». Y es difícil encontrar un camino para el «No» después de 15 años del bombardeo publicitario exclusivo que ha tenido la dictadura. Además tiene que hacer del «No», algo negativo, algo apetecible para la gente.

P.: ¿Por qué desde el título de su libro señala el símbolo de la campaña de la coalición que enfrentó a Pinochet?

A.S.: Es que ése fue un gran hallazgo creativo dado que las fuerzas que se oponían a Pinochet eran muy variadas. Iban desde derechistas democráticos hasta la izquierda. Había una gama de centristas, católicos, liberales, un conglomerado insólito de 16 partidos. El publicitario se plantea cómo lograr un símbolo que exprese esa diversidad. La novela, con episodios dramáticos y de humor, muestra cómo se llega al símbolo del arcoiris, que es la imagen de una sola cosa que reúne colores distintos. Es un emblema que aparece en el horizonte después de la tormenta, de los malos tiempos, anunciando que la pesadilla ha acabado, que se inicia un futuro apacible. Es una idea publicitaria bonita que resultó eficaz porque tocó a los chilenos indecisos que tenían miedo de que después de Pinochet viniera el caos. Indicaba que la libertad y la democracia eran un orden necesario que iba a ser construido entre todos.

P.: Entre los momentos de humor está la historia del pianista «Chiquitito», al que le dicen Florcita Motuda.

A.S.: Que existe y es un gran compositor, extravagante, surrealista. También existe «La canción del No» con su constante canto de la palabra No siguiendo los compases del «Danubio azul» de Strauss. Fue un vals que tuvo un efecto de humor fulminante y levantó el ánimo de la gente. En la memoria de los chilenos es un himno épico que con su humor logró desinflar la «Campaña del Sí a Pinochet», que era patética, retórica, pomposa. En el lanzamiento de mi novela en Chile, donde estuvieron algunos de los políticos que diseñaron la estrategia de la «Campaña del No a Pinochet», al cerrar el acto mostré 10 minutos de un video de lo que fue aquella gesta contra la dictadura, que emocionó a los presentes. Ahí me di cuenta, una vez más, que se había logrado hacer publicidad con alma. Al final, cuando la gente estaba por retirarse, dije: no se vayan que les tengo una sorpresa. Y entró Florcita Motuda desde el fondo de la sala cantando el «Vals del No».

P.: ¿Por qué cambia algunos nombres, por ejemplo a quien sería el presidente Patricio Aylwin, lo llama Olwin?

A.S.: Busco señalar a los lectores, especialmente a los chilenos, que están frente a una ficción, que me tomo algunas licencias narrativas. No es una crónica ni un reportaje, es una novela. Trabajo un material de la realidad para construir una fantasía que busca iluminar una época. Por eso cambio algunos nombres de políticos, y si no lo hago con Florcita Motuda es porque es, como yo, un artista. Y entre artistas tenemos una fraternidad que hace que nos podamos permitir ser espontáneos, somos pulgas del mismo perro.

P.: Su novela parte del secuestro de un profesor de filosofía, llamado Rodrigo Santos ¿Elige que tenga esa profesión para hablar de la ética y la libertad?

A.S.: Me obsesiona como escritor, no sólo en este libro, la difusión del saber y la creación. No deben ser algo que está en bibliotecas y en museos sino activo en la vida cotidiana. El profesor Santos está trabajando, en medio de la dictadura, en el Instituto Nacional, el primer colegio que se formó en Chile. Un colegio republicano de donde salieron varios presidentes. Tiene enorme prestigio por su tradición. Allí estudié. Allí estudian alumnos de todas las clases sociales, y se dan los mejores puntajes. En tiempos de Pinochet, en todos los colegios pusieron junto al rector un rector militar, que dirigía la represión a estudiantes y maestros. Santos es un maestro formado en la ética aristotélica. Enseña que la práctica de un valor internaliza ese valor en el individuo. La práctica del valor nos hace valientes. La práctica de la bondad nos hace bondadosos. Tiene ideas rotundas sobre la pureza de los valores. El bien es el bien siempre, y la justicia es justicia siempre. Está descolocado respecto a la realidad de la dictadura. Y aun a la del plebiscito que le dijo No a Pinochet y que establece una democracia muy frágil, porque Pinochet sigue siendo comandante en jefe del Ejército cuando ya ha sido elegido un presidente democrático. Aylwin al hablar de los horrores que se cometieron durante la dictadura, dice: se hará justicia en la medida de lo posible. Ahí aparece nuevamente la discusión ética. La conducta de algunos personajes que hacen el bien pero no actuando de una manera ética, complejiza el tema de la ética en la novela. Pero eso no es tratado de un modo profundo porque lo que busqué es celebrar lo ocurrido y mostrar el trabajo de los artistas que encuentran un discurso para lograr provocar un cambio libertario en la sociedad. Es un canto de amor a los artistas, y a los jóvenes.

P.: Están los jóvenes románticos, como el romance de Nico, el hijo del filósofo, y Patricia, la hija del publicitario; pero también está el estudiante que al oír la interpretación que hace Santos del «Mito de la Caverna» de Platón, lo denuncia, y hace que lo encarcelen.

A.S.: Lo que hace Santos al hablar del «Mito de la Caverna», algo que se enseña en todos los colegios, es decir: bajo esta dictadura estamos viviendo en las sombras de la realidad, y no en la realidad, cuando consigamos la libertad, entonces vamos a ver las cosas como son. Ahora estamos encarcelados en una caverna donde somos envenenados por los mensajes de la represión. Le da un sentido actual a un mito clásico, lo convierte en saber político. Eso hace que lo apresen. Y allí comienza la lucha de Nico por liberar a su padre.

P.: ¿A que va dedicar los 200 mil dólares del Premio Iberoamericano de Narrativa que ganó con «Los días del arcoiris»?

A.S.: Yo vivo de lo que escribo. Desde hace mucho tiempo tengo la felicidad de estar contactado con mi público, y me importa tener el tiempo disponible para escribir. No estoy vinculado con una universidad, ni a un periódico, ni a una agencia de publicidad, ni a absolutamente nada que signifique un vínculo ligado a mi tarea de escritor. Como dependo de mi trabajo un premio de esta magnitud permite vivir y ejercer la libertad creativa. Además, los premios dan más visibilidad al libro, y no hay nada que desee más un escritor, aunque alguno lo niegue, es que su obra sea leída. Un libro es una experiencia de la vida que uno quiere compartir.

P.: ¿Qué pasó con sus programas de televisión «El show de los libros», y «La torre de papel»?

A.S.: Es tal mi pasión por la escritura, la concentración en mis novelas, las presentaciones, los viajes, las traducciones, las charlas sobre la obra, que sentí que la etapa que había hecho en televisión destacando los libros de colegas estaba concluida. Había sido interesante, atractiva, la gente tenía un buen recuerdo, pero es tanta la energía que toma hacer programas como los que hice, que decidí dedicar lo que siga de mi vida a mis dos pasiones, la escritura y la lectura de los clásicos, como el constate retorno a mi amado Shakespeare.

P.: Su novela «Ardiente paciencia» sigue sumando formas de expresión, fue la película «Il postino», la obra de teatro «El cartero de Neruda» y desde el año pasado es una ópera.

A.S.: Su estreno mundial se realizó en octubre pasado en Los Ángeles y fue un éxito internacional. La ópera se basa tanto en mi novela como en la película de Michael Radford. Fue compuesta por el mexicano Daniel Catán, que vivía en Estados Unidos y sorpresivamente murió éste año. En ella Plácido Domingo asume el rol de Neruda. Ya se presentó en Viena, y el 20 de julio se estrena en Le Théâtre du Châtelet de París, y voy a estar en esa función porque la Televisión Española está haciendo el programa «De par en par» donde ofrecen vidas paralelas de personas de distintas artes y concluyen en un diálogo entre ellas. Contarán la vida de Plácido y la mía, y concluirá con nuestro encuentro en la ópera «Il postino».

Entrevista de Máximo Soto

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