24 de agosto 2015 - 00:00

Deslumbrante muestra de arte del Paraguay

“Nicho” (1860). Taller popular  en madera recortada y pintada que puede verse en la muestra “Tekoporá”.
“Nicho” (1860). Taller popular en madera recortada y pintada que puede verse en la muestra “Tekoporá”.
Deslumbrante es el adjetivo que corresponde para calificar la muestra "Tekoporá, arte indígena y popular del Paraguay" que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes y que requiere más de una visita para admirar la belleza de las obras expuestas ya que el arte de Paraguay es prácticamente desconocido. La exposición constituye un conjunto en total de 215 obras, 200 provenientes del Museo del Barro de Asunción y quince pertenecientes a museos argentinos: Fernández Blanco, Pueyrredón (San Isidro), La Plata y Museo Etnográfico "Juan B. Ambrosetti". principalmente las que pertenecen al taller Franciscano, siglo XVII, taller Jesuítico, siglo XVIII, los talleres populares del XIX .

Su curador, Ticio Escobar, es crítico de arte, licenciado en filosofía por la Universidad Católica de Asunción, abogado, director del Museo de Arte Indígena del Museo del Barro y ha publicado, entre muchos otros libros, "El mito del arte y el mito del pueblo" y "El arte fuera de sí. En su erudito ensayo curatorial señala que "esta curaduría en el MNBA reedita la del Museo del Barro y refuerza la diferencia de las expresiones del arte al cobijar formas extrañas a su ámbito, alejadas de su concepto; formas provenientes de creadores marginados, por lo general, de los circuitos del arte y sus instituciones".

El vocablo "tekoporá está compuesto por dos palabras: "tekó, que en guaraní significa "modo de ser", "cultura", y "porá nombre simultáneo para la belleza y el bien. El tekoporá es el buen vivir colectivo, el vivir con belleza. Concepto que está en la base del deseo de los pueblos indígenas a pesar de las marginaciones, opresiones y despojos.

Se exhiben piezas que dieron origen a los santeros populares así como extraordinarias tallas policromadas contemporáneas, esquemáticas de Cándido Rodríguez (1922-2002). Hay banquetas ceremoniales con representaciones del jaguar, del mono, el tapir, imágenes de la Virgen y Dios (Tupasy) y (Ñanderú), desnudos, sus sexos como ejemplo de la prodigalidad, tallas aché, zoomorfas, pirograbadas. Las máscaras expuestas son empleadas en la gran ceremonia llamada Areté Guazú, distintos personajes que responden a un libreto relacionado con el carnaval. También hay máscaras populares, grotescas, que exaltan la fealdad, destinadas a burlarse de los bandeirantes, saqueadores provenientes de Brasil a las que se les incorporan anteojos, pelucas y otras que se usan para festividades patronales como las de San Pedro y San Pablo.

Son extraordinarios los dibujos en tinta realizados por Osvaldo Pitoé, un guaraní que vive en Cayin y que remite a las labores agrícolas y de pesca, el énfasis puesto en la repetición de aves, peces y animales y las figuras de su entorno. En el núcleo correspondiente a "La imagen en tiempo de guerra" se exponen vainas grabadas por soldados en el contexto de la Guerra del Chaco (1932-1935) entre Paraguay y Bolivia. Trazaban incisiones de puntos o de líneas con mensajes amorosos o dibujaban rostros de sus madres, amadas o madrinas de guerra.

La xilografía guerrera se realizó entre 1865 y 1870 en la Guerra de la Triple Alianza. Aparecían en los "periódicos guerreros" como medio de información propaganda y aliento para la tropa. Se llamaban El Centinela, Cacique Lambaré, La Estrella, Cabichui (nombre que refiere a una avispa negra), de este último se conservan 400 grabados que relatan los hechos con humor no obstante la tragedia de la guerra.

El importante texto de Roberto Amigo, "La gloria y la risa", analiza el contenido de estos periódicos de trinchera con su carácter satírico jocoso, la burla del enemigo, a través de la caricatura y del relato popular. Otro ensayo de Gabriela Siracusano, "El eterno destello", analiza y reflexiona, entre otros temas, acerca de la imaginería religiosa en el contexto de las reducciones, lugar donde se concentraron en pueblos de indios las labores de evangelización y también la explotación de la sociedad indígena en beneficio de la economía española. Se fabricaban imágenes en talleres donde los padres jesuitas enseñaban el oficio a los indígenas ya que contaban con variados materiales, maderas de cedro, cinceles, escuadras, aceites, resinas, vidrios, polvos de colores, hojas de oro, abalorios, perlas y libros que relataban las historias de los personajes a representar. De allí la proliferación de imágenes de la Inmaculada Concepción, Cristos crucificados o yacentes, ángeles, santos y santas, retablos, mobiliario religioso que se enviaban a centros como Córdoba o Buenos Aires.

El excelente montaje a cargo del equipo de museografía del MNBA permite también internarse en la oscura selva donde se escuchan sus sonidos misteriosos, el canto de los pájaros, abordar lo mágico y lo mítico de culturas arcaicas, ya muy lejanas para el habitante urbano. (Hasta el 13 de septiembre).

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