17 de octubre 2011 - 00:00

Desopilante clase de cine de De Caro

Acompañando con chistes teorías propias y ajenas sin bastardearlas, Sebastián De Caro logra que «El curso del buen espectador» sea puro juego y diversión, aun cuando conlleve una intención didáctica.
Acompañando con chistes teorías propias y ajenas sin bastardearlas, Sebastián De Caro logra que «El curso del buen espectador» sea puro juego y diversión, aun cuando conlleve una intención didáctica.
«El curso del buen espectador» de y por S. de Caro. Edición en vivo: D. Fernández. (Chacarerean Teatre, los miércoles, a las 20).

La habilidad de Sebastián De Caro para narrar anécdotas personales es bien conocida, al igual que su pasión por el cine. Haciendo pie en estas dos cualidades el actor, guionista, cineasta y columnista radial creó un unipersonal atípico que tiene el formato de un seminario de análisis cinematográfico y el tono humorístico de un show de stand up. «El curso del buen espectador» es puro juego y diversión, aun cuando conlleve una intención didáctica.

De Caro ya dio muestras de ser un comunicador nato, incluso en un rol tan bizarro como el de panelista de «Gran Hermano 2011», donde contribuyó a enriquecer el debate con sus amplios conocimientos de cultura popular y el aporte de una mirada crítica que siempre resulta hilarante.

Parte de su estilo es tener siempre un chiste a mano para acompañar teorías propias y ajenas sin bastardear la información que se propone transmitir. En este caso, su show se inicia entre experiencias de infancia que provocan carcajadas (por ejemplo, cuando narra su infantil percepción de la serie estadounidense «Negro y blanco en color» para luego develar los nefastos contenidos que descubrió siendo adulto) y algunas desventuras de adolescencia, como su paso por la tira juvenil «Montaña rusa», incidente que dramatiza con ingenio y le sirve para cubrir de sarcasmos a los guionistas y productores televisivos de nuestro país.

Con estos datos supuestamente autobiográficos y bajo la premisa de que «la vida es una mierda», De Caro va relatando su descubrimiento del cine como una suerte de epifanía que hizo que todo lo que existe tuviera más sentido y trascendencia. Esta revelación es precisamente lo que De Caro intenta compartir con sus espectadores.

El por su parte asume el rol de eterno adolescente y se autodefine como un «nerdo», rebelde y adicto a todo material cinéfilo (especialmente de «Star wars»), que fracasa en el amor pero al que le sobra calle y sentido común. El público entra en empatía con este personaje semi ficcional y se deja conducir maravillado por los secretos del séptimo arte (montaje, guión, construcción de personajes, estructura narrativa, etcétera).

El objetivo manifiesto de De Caro es que la gente disfrute viendo cine y aprenda a descubrir nuevas capas de lectura en cualquier tipo de película, sin importar el género.

Es un placer escucharlo analizar diálogos y escenas clave de «Psicosis» de Hitchcok, «Carrie» de Brian de Palma, «Tiburón» de Steven Spielberg, luego de proyectar en pantalla algunos fragmentos.

Sus desopilantes sinopsis, de tono marcadamente sexual, y sus oportunas alusiones a la idiosincrasia argentina hacen que las dos horas y media de espectáculo pasen volando.

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