11 de enero 2012 - 00:00

Después de las fiestas emerge la dura realidad

Horacio Lachman
Horacio Lachman
De la bonanza en la que transcurrieron las fiestas se está pasando en Europa a un cuadro cada día más complejo. No sólo fue el efecto del champán lo que hizo posible la calma. En vísperas de la Navidad, el Banco Central Europeo regó generosamente a 523 entidades que conforman virtualmente el 100% del eurosistema, con créditos por 500.000 millones de euros al 1% anual con vencimiento el 22 de enero de 2015. Logró así un cambio sustancial en las condiciones de liquidez de la banca, un fortalecimiento de la moneda única y dio lugar a una mejora en los mercados en momentos en que se temía una crisis terminal.

De esa forma pudieron pasarse en paz las fiestas, pero el efecto no llegó a Reyes. Las soluciones de la Cumbre Europea del 8 y 9 de diciembre pasado -donde Alemania impuso ampliamente su ortodoxia redoblando el ajuste económico en marcha en Europa- comienzan pronto a mostrar su debilidad. La teoría de que la salida pasa por el gigantesco esfuerzo social que haría posible el pago de la deuda y que la ayuda debe concentrarse en proteger al sistema financiero comienza ya a ponerse a prueba. Y posiblemente llegue hecha girones a la próxima cumbre que se realizará a fines de mes.

A mediados de la semana pasada, cuando aún no había transcurrido una quincena desde el gigantesco préstamo a los bancos, los problemas de la realidad volvieron a hacerse presentes en las Bolsas, con fuertes bajas. Mientras las primas de riesgo para la deuda pública de España e Italia enfrentaban nuevamente fuerte presión alcista, a pesar de contar con nuevos Gobiernos dóciles a las exigencias de Alemania. Las operaciones se reanudan hoy en un clima de incertidumbre en todo el mercado global.

Los problemas que enfrenta Europa al iniciarse 2012 no son menores. En primer lugar puede mencionarse que la cotización de la moneda europea bajó el viernes por tercera jornada consecutiva hasta quedar en 1,27 dólar, el nivel más bajo desde septiembre de 2010. La devaluación del euro es una clara expresión de la huida de capitales y la desconfianza que crece en el Viejo Continente.

Pero la crisis impacta con mayor fuerza en las economías más débiles. Hungría, vía una cuestionada reforma constitucional, se está embarcando en una peligrosa aventura autoritaria que la aísla de la Unión Europea en momentos en que enfrenta una grave crisis financiera. De forma que la ayuda internacional difícilmente llegue. No sorprende que la agencia de calificación Fitch rebajara su nota al nivel BB+ para su deuda a largo plazo en moneda extranjera, nota que se sitúa en el terreno de los considerados bonos basura y además con perspectiva negativa.

Grecia, cuyas autoridades plantean nuevamente el peligro de que deba dejar el euro por quedar en estado de insolvencia, deberá dar cuenta en una semana a la troika -el FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo- de sus nuevos incumplimientos, que viene postergando el otorgamiento de la ayuda financiera que necesita. Se les exigirán más recortes a las jubilaciones y más despidos en un escenario de huelgas y protesta en ascenso.

El Gobierno belga debería ajustar su presupuesto otros 1.200 millones para no recibir multas de la comunidad. Cinco países de la Unión Europea están amenazados de convertirse en los primeros en sufrir sanciones por superar el 3% en el déficit presupuestario. En principio, las autoridades belgas ya han dejado claro: «Ningún Gobierno que se digne de tal nombre va a ahorrar 1.200 millones porque se lo exija la Comisión de aquí al lunes» y se niega a más ajustes. Los presupuestos cuestionados son de tres países de la eurozona, Bélgica, Chipre y Malta, y también los de Polonia y Hungría (aunque no compartan la moneda común).

El riesgo-país de España subió 55 puntos en la primera semana del año alcanzando el viernes 385 puntos básicos, el máximo desde el 30 de noviembre. Los bonos españoles se vendieron en el mercado a un interés del 5,6%, frente al 1,8% de Alemania, aunque por debajo del 7% que se exige a Italia, cuya prima de riesgo tocó los 527 puntos, pese a que el Banco Central Europeo había intervenido el jueves frenando la suba. Pero es sabido que si la crisis desborda las posibilidades de financiamiento de la deuda en España e Italia, no sólo la banca alemana sino también la estadounidense corren peligro.

El dato que refleja el callejón sin salida: los depósitos a un día de los bancos de la eurozona en el BCE terminaron la semana pasada en 455.300 millones de euros, su mayor nivel de la era euro. Los bancos utilizan los fondos que les presta el BCE para cubrirse las espaldas, pero no hacen ningún esfuerzo para expandir el crédito interbancario y al sector productivo, mientras Europa marcha inexorablemente hacia la recesión de acuerdo con todos los pronósticos. Y sin crecimiento no hay salida para la crisis financiera.

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