- ámbito
- Edición Impresa
Después de Yemen, Al Qaeda hace pie en Somalia
Una fuerza de la Unión Africana (AMISOM) aprobada por Naciones Unidas e integrada por tropas de Uganda y Burundi, procura respaldar un Gobierno que apenas controla algunas zonas de la capital. Las pasadas intervenciones de Etiopía y Eritrea tampoco ayudaron para restablecer las condiciones mínimas para lograr una armonía social quebrada por la miseria desde 1991.
La amenaza de la piratería somalí es hasta ahora la única preocupación de la comunidad internacional. Ya nadie parece interesado en las causas del caos a pesar de la desesperada solicitud de asistencia a la Unión Europea del jeque Sharif Sheij Ahmed. Sin una solución de fondo a sus problemas, Somalia será tierra de cultivo del terrorismo.
La vinculación entre algunos de los grupos islámicos principales y Al Qaeda ha sido reconocida por la facción Al Shabab, que ha ofrecido asistir militarmente a los rebeldes yemenitas Al Hotis. Inicialmente se trataba de pobladores organizados para lograr medios de subsistencia y luchar contra la pesca ilegal de las potencias, principalmente europeas, y el vertido de desechos tóxicos sobre sus costas. Con el tiempo los pescadores se transformaron en piratas. Hoy la situación está fuera de control en una zona considerada esencial para el tráfico marítimo, con más de treinta mil buques que atraviesan la zona. Una fuerza naval internacional, la Task Force 150, procura proteger la navegación frente a la acción constante de los piratas.
Existe todavía la posibilidad de fortalecer al Gobierno de Mogadiscio y evitar que los Al Shabab alcancen el poder o continúen sirviendo o apoyando los intereses del terrorismo. La convocatoria de la Conferencia sobre Somalia reclamada por el jeque Ahmed resulta urgente. La inacción sólo repetirá las experiencias de Afganistán o Yemen.
Una de las mejores formas de luchar contra el terrorismo es que los Estados fallidos superen esa condición. Es obligación de la comunidad internacional contribuir a ese objetivo. En el caso de Somalia eso implicaría que la asistencia no debería pasar por las armas sino por iniciativas tendientes a recomponer una sociedad destruida para que empiece a generar medios propios de subsistencia y, en algún momento, explotar la amplia variedad de recursos mineros e hidrocarburíferos que posee. La Task Force, además de luchar contra los piratas, podría ocuparse de salvaguardar los recursos ictícolas que son depredados por los mismos Estados industrializados que contribuyen a dicha fuerza, así como a evitar que las costas sigan siendo un basurero de desechos tóxicos.
La lucha contra el terrorismo pasa por acciones responsables que tiendan a evitar que países en situaciones trágicas se conviertan en santuarios terroristas. África puede ser el próximo escenario. La mejor forma de impedirlo es asistir con mayor determinación en estrategias sociales y apertura comercial para que esa región logre atenuar los dramas económicos y humanitarios que hoy enfrenta.


Dejá tu comentario