EL ORIGEN DE ESTAS CUESTIONES SE REMONTA A 1973, CUANDO LA EXPORTACIÓN SE PROHIBIÓ POR DECRETO - El DNU estará vigente dentro de un mes y elimina las trabas que en estos últimos diez años se han multiplicado. Prometen que los trámites serán veloces, pero los interesados se muestran escépticos.
Presentación. El titular de Cultura, Pablo Avelluto, junto con su equipo en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Que los políticos se ocupen del arte, es un milagro. Sin embargo, en las 80 páginas del Boletín Oficial del último Decreto de Necesidad y Urgencia, se detalla un plan político que limita la burocracia estatal y, allí mismo, figuran las medidas que acabarán con el penoso trámite de exportación del arte. El DNU estará vigente cuando se reglamente, aproximadamente dentro de 30 días, y modificará la ley 24.633 de "Circulación internacional de obras de arte" que, sancionada hace 22 años, en realidad, no se cumple. Sobre todo, elimina las trabas que en estos últimos diez años se han multiplicado: los trámites serán veloces.
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Los artistas, coleccionistas y operadores del mercado, se resisten a creer en un milagro que simplifique, al menos, las exportaciones. Y mientras arrecian las dudas, el titular de Cultura, Pablo Avelluto, organizó un encuentro en la sede de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes con el secretario del Ministerio de la Produccción, Pedro Inchauspe y su equipo, el secretario de Patrimonio Cultural, Marcelo Panozzo, y la directora de Bienes y Sitios Históricos, Claudia Cabuli.
La cuestión es simple. Los impuestos que gravan la importación del arte continuarán vigentes. Luego, la exportación no tributa otro impuesto más que el castigo de un trámite ingrato que padecen quienes no pueden pagar un despachante de aduana y que comienza en la Dirección de Artes Visuales del Ministerio de Cultura. Allí hay que presentar un sobre tamaño A4 con fotos en color (varias copias) de las obras a exportar. Alterar la medida del sobre significa el rechazo. Después de cuatro días devuelven en Artes Visuales el material aprobado para la exportación y entregan un teléfono de la Aduana de Ezeiza (que nunca funcionó) para concertar la entrega en el aeropuerto.
Hasta ayer y durante más de una década, el responsable de Artes Visuales fue Gastón Duprat, hoy director del MNBA y presente en el encuentro del miércoles. Nadie le preguntó quién tejió esta maraña. Se recordó, si, que en Cultura recomendaban ir a Ezeiza 72 horas antes del viaje, pero que era mejor llegar diez días antes. Y si bien aseguraban que no era necesario legalizar ante escribano público la autorización del artista, en ocasiones resultaba imprescindible. La odisea de la Aduana de Ezeiza demanda horarios rigurosos, formularios interminables y la retención de la obra durante una semana. El trámite continúa después con el verificador en la AFIP y, finalmente, en Arribos se retira la obra, siempre y cuando la gestión no se abortara por algún error. A los extranjeros les deparaba otro infierno.
"La Aduana no integra más el organismo de aplicación", aclaró tajante una funcionaria. La exportación de obras de artistas nacionales e internacionales, vivos o fallecidos hasta hace 50 años, sólo requiere el "Aviso de exportación" por vía electrónica a través de la plataforma Trámites del Ministerio de Cultura. Así, cualquiera puede exportar cuantas obras necesite y llevarse hasta 15 bajo el brazo. Luego, la licencia para exportar obras de artistas nacionales e internacionales fallecidos hace más de 50 años, anónimos y desconocidos se puede sacar en www.tramitesadistancia.gob.ar/ www.cultura.gob.ar, y no debería demorar más de 48 horas. Algunos límites del DNU, como la ausencia de fotografía entre los géneros del arte, son los de la Ley de Circulación.
Entretanto, la exportación del arte considerado bien patrimonial de la Nación, demanda varios requisitos. El primero: si aspira a la venta, el Estado tendrá la prioridad de compra, y continúan las exigencias que nunca se cumplieron de modo transparente.
El origen de estas cuestiones se remonta al año 1973, cuando la exportación se prohibió por decreto, exigencia que en el escenario político de entonces, alertó a los coleccionistas. En 1974, la aparición en Sotheby's de Londres de los tesoros impresionistas de Antonio Santamarina, desató un escándalo con repercusión internacional. La prensa argentina instaba al Estado a intervenir y se pedía la demora del remate. La reacción, tardía, fue una ley restrictiva. Pero la familia Santamarina, luego de recaudar 4,8 millones de dólares de esa época, decidió donar varios trofeos de su colección al Museo de Bellas Artes.
Justamente, la ley redactada por Bonifacio del Carril y pulida durante la gestión de Mario O'Donnell, fue escrita para que el arte circulara libremente, y hasta obligaba a la Aduana a acelerar los trámites. "¿Quién va a traer arte que no pueda ingresar y sacar libremente?", solía decir Nelly Arrieta. Buenos Aires se preparaba entonces para ser el centro del mercado del arte de Latinoamérica.
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