15 de agosto 2014 - 00:00

DEUDA: buitre bueno, buitre malo

Hay internas en todos lados, inclusive entre los fondos buitre. Finalmente, el portazo no lo dio Paul Singer. El dueño del fondo buitre Elliott había mandado al que hoy es su mano derecha, Jay Newman, a negociar con los bancos internacionales JP Morgan, Citibank, HSBC, UBS y Goldman Sachs un posible acuerdo para que estas entidades le compraran, cash, la deuda de 1.660 millones de dólares que les debe la Argentina a los fondos buitre y holdouts después del fallo de Griesa de 2012, y ratificado por la Justicia de los Estados Unidos.

El dúo Singer-Newman, de alguna manera, sentía que estar sentado a esa exclusiva mesa de discusiones con los grandes en serio de Wall Street, y tenerlos como los que les ofrecen una operación a ellos y no al revés, era como haber llegado a las primeras ligas del mercado financiero internacional. No hay que olvidar que, para Wall Street, aun para los autodenominados "lobos" de ese barrio, ser fondo buitre es una mala palabra. El problema no es representar a los márgenes del capitalismo y buscar rentabilidades espeluznantemente altas. En definitiva, y como decía "Gordon Gekko" en "Wall Street 1", "la codicia es buena". El problema, a los ojos de los grandes especuladores financieros internacionales, es que los fondos buitre están en otro tipo de negocio, diferente al de comprar y vender activos y ganar una diferencia en esa operación. El nivel de riesgo podrá ser alto o bajo, incluso a veces familiarizado con actividades ilegales ética o formalmente, como sucedió con las subprime de 2008. Pero siempre, para Wall Street, se tratará de comprar y vender activos financieros y cobrar una diferencia o comisión por esa operación.

El fondo buitre hace otra cosa. No está interesado en la tasa de interés de un bono o acción, en la suba o baja del valor de una empresa o en la comisión que se le puede cobrar a alguien por cada punto más de rentabilidad en una operación financiera más o menos sofisticada. El fondo buitre espera que una acción o un papel de una compañía estén o vayan a ingresar en default, para luego recurrir a los tribunales y conseguir rentabilidades extraordinarias con un negocio legal y no financiero. Por esto, para Singer (que siempre fue despreciado por los "Gordon Gekko" del mundo de Wall Street), sentarse a la misma mesa que JP Morgan, Citibank, UBS y compañía era como tocar el cielo con las manos. O como mínimo, como una reivindicación. Lo mismo sintió Newman al codearse con los operadores financieros de los bancos más importantes de Wall Street. Para ambos, negociar con los grandes, aun en una posición dura, tenía que necesariamente terminar en un apretón de manos que significara un acuerdo. Era la forma de demostrarles a los actores importantes del negocio financiero que estaban tratando con gente seria y confiable.

No fue el caso de Mark Brodsky, el dueño de Aurelius, quien en definitiva el miércoles pasado dio el portazo que jaqueó las negociaciones entre los privados. Este abogado tiene una larga interna con Singer y desde hace un tiempo con Jay Newman. Precisamente porque este último ocupa ahora el puesto que él mismo tenía cuando trabajaba para su mentor y maestro, el mismísimo Singer. Es así. Brodsky fue durante más de una década el mejor alumno del dueño de Elliott en esta casa de inversiones, definida como buitre, y participó de toda la operación de compra de bonos de la Argentina en los comienzos de las adquisiciones de Singer en el país, allá por el año 2001. Sin embargo, se independizó cerca de 2004 y abrió su propia casa de inversiones buitre, bajo el otro nombre de fantasía: Aurelius, inspirado en Marco Aurelio, aquel emperador romano. Brodsky nunca aceptó el pertinaz esfuerzo de Singer por convertirse en una especie de referente de Wall Street, y consideró que el lugar que les corresponde a los buitres en el mercado financiero moderno es bien lejos de las "buenas costumbres" de los "lobos" de Wall Street. Esta interna, en realidad esta jugada real entre el policía bueno y el policía malo, fue el origen del nuevo capítulo que ahora se vive en el larguísimo "juicio del siglo": el no de los fondos buitre a negociar con los grandes bancos de Nueva York. n

@cburgueno

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