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¿Devaluar o no devaluar? Ésa no es la cuestión

En la medida en que se siga devaluando el peso por debajo de nuestra tasa de inflación interna y además esta última sea muy superior a la de los países con los que comercializamos bienes, nuestro tipo de cambio real seguirá cayendo. Esto significa que nuestra competitividad cambiaria seguirá disminuyendo o que nuestros costos en dólares seguirán creciendo. El efecto directo se da sobre las exportaciones, que de crecer a tasas decrecientes, empiezan directamente a caer. Esto se traduce en caídas de actividad y complicaciones de empleo para las industrias que se vean más afectadas.
En el gráfico puede apreciarse la evolución del tipo de cambio real multilateral (TCRM de ahora en más) desde el mes de enero de 1993. Sería una medida de nuestra competitividad promedio, ponderada por la importancia de los distintos países con los que comercializamos bienes y servicios.
Puede apreciarse la sobrerreacción generada por la devaluación del peso del año 2002. Pero luego se ve claramente una caída gradual del TCRM, hasta llegar a la actualidad. Como puede apreciarse, el nivel actual todavía está por encima de los años 90, pero lo que preocupa es la clara tendencia descendente.
Usar únicamente el instrumento de la devaluación no va a generar la solución sostenible en el tiempo. Debe ser complementada con el resto de políticas, monetarias, fiscales y de ingresos. El gran desafío es lograr la mayor consistencia de los distintos instrumentos de política económica para recuperar competitividad, minimizando o evitando en lo posible el efecto negativo sobre los que menos tienen.
Sería ideal que se logre consensuar el diagnóstico sobre la realidad que tenemos, para a partir de allí buscar las mejores soluciones tanto desde lo eficiente como de lo equitativo. Discutir puntualmente aspectos de política económica seguramente será un derroche de energías que el país no se merece.

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