Washington - La reanudación de los contactos entre las dos Coreas amenaza con debilitar la estrategia de aislamiento del régimen de Pyongyang liderada por Donald Trump, quien se embarcó en una nueva escalada verbal con Kim Jong-un.
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El presidente de EE.UU. no opta por declaraciones conciliatorias cuando se refiere al líder norcoreano, al que apodó "Little Rocket Man" ("Hombrecito Cohete"), en el marco del incremento de las pruebas misilísticas de Corea del Norte.
Pero en su discurso de Año Nuevo, Kim anunció un proceso de reanudación de los contactos con Corea del Sur, lo que sorprendió a Washington, que lo ve con gran desconfianza. La propuesta resultó ayer en la reapertura del teléfono rojo transfronterizo entre las dos Coreas, sin uso desde 2016.
Para Ian Bremmer, presidente de la consultora Eurasia Group, Kim se siente en condiciones de dialogar con sus vecinos tras afirmar que sus misiles intercontinentales pueden alcanzar territorio estadounidense. "Siempre es mejor negociar en una posición de fuerza", dijo.
Desde su llegada al poder, Trump sostiene una campaña de "presión máxima" contra Pyongyang, con sanciones económicas y una amenaza militar reiterada.
Pero mientras él prometió "fuego e ira", Corea del Sur eligió en mayo a Moon Jae-in, un gobernante que apoya firmemente el diálogo con el vecino del norte.
¿Busca el presidente Moon encontrar la forma de vivir más seguro junto a un vecino que se convirtió en una potencia nuclear y no da señales de renunciar a su arsenal? Heather Nauert, vocera del Departamento de Estado, insistió en que no es el caso. "Kim Jong-un podría estar tratando de abrir una brecha entre dos naciones, entre nuestra nación y la República de Corea", dijo. "Puedo asegurarles que esto no sucederá. Somos muy escépticos sobre su sinceridad con respecto a conversar".
Pero la política de Trump es vista en Seúl como la de "EE.UU. primero". Bremmer, quien habló hace poco con funcionarios surcoreanos, dijo que existe una posibilidad real de que Seúl acepte congelar sus maniobras militares con los estadounidenses para permitir conversaciones con Kim. Esta sería una victoria para China y una decepción para EE.UU., que rechaza cualquier equivalencia entre su presencia militar regional y el programa nuclear de Pyongyang.
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