12 de mayo 2009 - 00:32

Diálogos en Wall Street

El periodista dialogó con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» sobre los resultados de los tests a los bancos estadounidenses, planteando algunos reparos.

Periodista: La Fed les tomó examen a los bancos. Diez instituciones aprobaron y otras nueve lo harán más adelante, una vez que refuercen su capital en dosis moderadas y accesibles. No hubo aplazos irrevocables ni se detectaron situaciones críticas. ¿Cree que con este flamante certificado de calidad, las tribulaciones del sistema financiero quedan atrás?

Gordon Gekko: No será tan sencillo. En el horizonte adverso más severo que contemplan los estudios, se reconoce que habrá que absorber pérdidas por 600 mil millones de dólares. Es un bocado que fácilmente puede tornarse indigesto si el clima se enrarece.

P.: De momento, el panorama luce despejado. Los propios exámenes contribuyeron a correr el velo de la incertidumbre. Dejaron al descubierto una necesidad de capital -75 mil millones de dólares- mucho más acotada que lo que se temía.

G.G.: No es casual que Tim Geithner -el secretario del Tesoro- incluyera los exámenes de estrés (dentro del programa CAP) en su estrategia de estabilización de las condiciones financieras. Todo indica que se manejaron los resultados con mucho esmero. Se lanzó una infinidad de globos de ensayo previos para sondear reacciones. Y, finalmente, son las propias conclusiones del análisis, tal cual se difundieron, las que les dan un fuerte espaldarazo a los bancos.

P.: Hubo dos tandas de exámenes. Ya se había rendido la prueba de fuego de los balances.

G.G.: Así es.

P.: Cree que -como ocurriera con los balances- son resultados «prefabricados» para estimular la confianza en la banca.

G.G.: No, necesariamente. Aunque es obvio que si los números hubieran sido horrorosos, se hubiese exigido primero las medidas de ajuste y sólo después se hubiera procedido a su anuncio. Son las reglas del juego. El Gobierno es juez pero también es parte interesada. La gente lo sabe. Nadie compra todo lo dicho a libro cerrado. Sin embargo, el sello de calidad de la Fed alienta la idea de que no habrá una catástrofe inminente.

P.: Puede acontecer más adelante.

G.G.: Todavía se pisa terreno resbaladizo. Y conviene no pasar por alto la tremenda sensibilidad de los resultados de las pruebas a pequeños cambios en los supuestos.

P.: Las pérdidas pueden ser mucho mayores que lo estimado.

G.G.: Como también mucho menores. Piense que los activos ponderados por riesgo suman 7,8 billones de dólares en las 19 instituciones monitoreadas. Y el capital que debe oficiar de colchón para absorber pérdidas totaliza apenas 412 mil millones. Un error leve en la estimación de los quebrantos puede desbordar con facilidad los recaudos de capital. De igual manera, la Fed considera que se va a poder echar mano, en forma neta, a las provisiones ya constituidas por el sistema. Por eso la necesidad adicional de capital es reducida. Sin embargo, si la crisis se prolonga, no será prudente ni probable. Sí o sí, en ese caso, habrá que inyectar más recursos.

P.: La buena noticia es que, gracias al boletín de calificaciones de la Fed, los bancos lograron reactivar el acceso a los mercados privados de capital voluntario.

G.G.:
Es un aspecto sobresaliente. En apenas un par de ruedas, las infusiones de nuevo capital superan los 20 mil millones de dólares.

P.: Y no son sólo los bancos que aprobaron los exámenes los que consiguen inversores.

G.G.: Son los que deben fortalecer su patrimonio. Como el faltante es escueto, se percibe una oportunidad. Wells Fargo y Morgan Stanley fueron los primeros en salir al ruedo. Pero hay otros en la gatera: Capital One, BB&T, KeyCorp, US Bancorp. La única excepción es GMAC.

P.: GMAC es el caso más endeble.

G.G.: Seguro. La versión es que el Gobierno, a través del plan TARP, le allegará 7.500 millones de dólares. Forma parte del paquete de medidas que rodea la convocatoria de Chrysler (GMAC, en los planes de la reestructuración, tomará los negocios de financiación de las ventas de la automotriz).

P.: La idea de los bancos no es sólo la de apuntalar su patrimonio como lo exigen los reguladores. Quieren liberarse del corsé del Gobierno y para ello piensen devolver los recursos que les facilitó el plan TARP. ¿Lo ve posible en plazos cortos?

G.G.: Es posible y bastante probable. La semana pasada, antes de dar a conocer los resultados de las pruebas de estrés, las autoridades difundieron las condiciones bajo las cuales se podrá cancelar la asistencia del TARP. Es difícil pensar que no sea un guiño del Gobierno.

P.: ¿Es una decisión sensata?

G.G.: No me parece muy lúcida. No veo motivos para el apuro. Entiendo que por razones de competencia si un banco se libera del TARP (y de sus restricciones sobre temas tan diversos como remuneraciones y distribución de dividendos) obliga a los demás a seguirle el paso. Pero, ¿cuál es el interés de los reguladores? Si ese banco tropieza con dificultades, más allá de lo que digan los balances y las pruebas de estrés, ¿tendrá resto para afrontar la adversidad? No nos olvidemos del riesgo sistémico. El mundo no soporta otro Lehman.

P.: En cuyo caso, habrá que rescatarlo. Otra vez, con fondos públicos.

G.G.: Los accionistas y los ejecutivos de los bancos quieren salir del TARP. Es la manera de tener acceso al pago de bonus y dividendos sin requerir el visto bueno de las autoridades ni superar el escrutinio de la opinión pública. Desde su punto de vista, es comprensible. Sin embargo, si ocurren problemas graves, el contribuyente deberá acudir en auxilio. Y no podrá contar con los recursos que ya hayan sido girados a terceros. No parece sensato.

P.: Los bancos deberían contar con una posición de capital mucho más robusta.

G.G.: Eso creo. Y, más allá del plano individual, convendría acumular evidencias de recuperación sólida en la economía. Ambos elementos demandarán tiempo. En marcado contraste con la prisa que exhiben los bancos.

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