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Diálogos en Wall Street
El periodista dialogó con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien le explica las últimas medidas del Tesoro estadounidense.
P.: Todo lo contrario aconteció con los préstamos a Chrysler y GM de fin de año. Se perdieron en su totalidad. ¿No es temprano, acaso, para intentar un balance meticuloso de la intervención?
G.G.: Lo es. Pero importa cubrir el costado político. El Congreso, la opinión pública, la prensa, son más sensibles con la generosidad hacia los bancos que con el trato a las automotrices. Y éste es un anuncio que suma. El Tesoro espera recuperar 68 mil millones de dólares mucho antes de lo que marcaba la agenda. Cobró dividendos por su inversión a una tasa no inferior al 5% y obtendrá una ganancia de capital significativa con las opciones sobre acciones (warrants) de los bancos.
P.: Los bancos están obligados a recomprar los warrants.
G.G.: No hay ninguna obligación. Las diez entidades autorizadas pueden repagar total o parcialmente los fondos del TARP. O no hacerlo y mantenerse, como hasta ahora, dentro del programa.
P.: Me imagino que los cancelarán en forma completa. Cómo desligarse si no de las ataduras; cómo retomar el control pleno sobre sus políticas de remuneraciones y distribución de utilidades.
G.G.: Es lo que se busca. Además gozan del derecho de recomprar los warrants a un precio razonable.
P.: Y también lo harán.
G.G.: Forma parte de los planes. Pero resta saber cómo se obtendrá ese precio razonable. El criterio utilizado con entidades más pequeñas (que fueron las primeras en devolver los recursos del TARP) disparó la acusación de que se estaban dejando muchos dólares sobre la mesa. El Gobierno no quiere apropiarse del capital de los bancos. Está claro. Pero si busca maximizar el resultado para los contribuyentes, debería inclinarse por una subasta competitiva. En cuyo caso, los warrants podrían terminar en manos de terceros.
P.: En el marco general de la crisis financiera, ¿cómo leer este anuncio? ¿Es una prueba de que ya se dio vuelta la página? ¿Es un artificio? ¿O, meramente, una demanda de los bancos a la que no se le pudo decir que no?
G.G.: La medida no se hubiera resuelto de no existir un mejor trasfondo. Ello no quita que la otra tentación del Gobierno sea seguir marcando la cancha. Y, en ese sentido, es una pieza muy útil.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Como bien se sabe, los bancos son una caja negra.
P.: Hasta para sus reguladores.
G.G.: Es así. Sin embargo, desde marzo hasta el presente se instaló una percepción de profunda mejoría en su situación. Pasamos, en menos de tres meses, de la idea del colapso a la suscripción masiva de acciones. Fue un proceso teleguiado. Comenzó con una esquela de Vikram Pandit, el CEO de Citi. Otras cartas, los balances, las pruebas de estrés fueron los siguientes mojones. Ahora es el turno del repago del TARP. Si el Gobierno lo autoriza, entonces «las cosas deben haber mejorado». Por lo menos, uno piensa, no habrá moros en la costa: si el Gobierno temiera dificultades cercanas, hubiera postergado la decisión. No nos consta que sea así, porque no podemos penetrar la caja negra, pero lo deducimos...
P.: Los bancos no operan en condiciones de vacío. A la par, la economía real muestra señales de recomposición. Comparten la sintonía.
G.G.: Los bancos pueden beneficiarse de nuevos flujos más favorables y aun así hundirse por el peso acumulado de los inventarios. Es la herencia del pasado, son los malos créditos los que decidirán su suerte.
P.: No alcanza con que se estabilice la economía.
G.G.: De ahí la importancia de contar con información específica. Los balances, las pruebas de estrés, la postura del Tesoro. Se podrá discutir en qué medida son o no artificios, pero lo cierto es que su encadenamiento, muy prolijo, refundó la confianza en los bancos. Y produjo efectos reales: cuando Bank of America aumenta su capital tangible en 33 mil millones de dólares, nadie discute que su patrimonio reforzado le permitirá afrontar mejor las vicisitudes.
P.: La estrategia de estabilización bancaria es poco más que un manual de autoayuda.
G.G.: Hubo que trabajar mucho sobre las expectativas. Fíjese cómo desaparecieron los activos tóxicos.
P.: Tiene razón. Que yo sepa, no se arreglaron. Y, sin embargo, ya no parecen relevantes. Nadie se desvela por su presencia.
G.G.: Nadie pregunta. Pero los muertos siguen en el ropero. A diferencia de Lázaro, no han resucitado. La apuesta es sencilla. En la medida que los bancos permanezcan líquidos, puedan apelar a una contabilidad flexible y, más si la economía repunta, no habrá necesidad de sacarlos a la luz.
P.: ¿Qué pasó con el programa oficial de compra de activos tóxicos?
G.G.: Está en el congelador. No prospera porque, en las circunstancias actuales, los bancos no tienen ningún incentivo en tomar pérdidas muy visibles, castigar su capital y levantar olas. Éste es un aspecto criticable de la autorización temprana de repagar el TARP. ¿Tanto capital genuino mantienen los bancos autorizados como para devolver un sobrante? Caso contrario, ¿no se los incentiva, acaso, a seguir administrando la basura bajo la alfombra?

