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Diálogos en Wall Street
El experto en mercados mundiales personificado como el banquero Gordon Gekko de la película Wall Street, considera que los inversores están apostando a que en 2010 se revertirá la tendencia negativa de las ganancias empresariales. Pero no dejan de contemplar que la Bolsa de Nueva York ya ganó el 50% desde el piso de marzo y muchos se preguntan qué tan sólido está el mercado si no fuera por el impulso lanzado por Obama y Bernanke.
Gordon Gekko: Con respecto a los mínimos de marzo, el índice S&P 500 avanzó un 50%.
P.: ¿Tan buenos son los balances?
G.G.: Ya lo habrá escuchado antes: son malos, pero mejores que lo esperado. Es un disco rayado.
P.: ¿Con eso alcanza?
G.G.: La evidencia está sobre la mesa. Es más: diría que sobra.
P.: Goldman Sachs y JP Morgan, los que abrieron fuego, aportaron balances muy robustos. Pero, por lo dicho, no representan la regla general.
G.G.: Tal cual. Sin embargo, el azar quiso que estrenaran la temporada oficial y -como usted dijo- con muchísimo brillo. Fueron muy valiosos en quebrar la inercia de la corrección previa y propinar el envión inicial.
P.: ¿Existe una idea de cuáles son los números de ganancias que arrojaron las compañías que conforman el S&P 500?
G.G.: Ya se difundieron los estados contables de dos terceras partes del conjunto. Las utilidades son un 27% inferiores a las del segundo trimestre de 2008.
P.: Cuando se esperaba una merma del 34%...
G.G.: En algún momento se barajó el 36%/37%.
P.: La Bolsa ya subió el 50% desde mediados de marzo. Está claro que observa otras cosas, que mira hacia adelante.
G.G.: Es su naturaleza.
P.: La economía se contrajo a un ritmo del 6% los seis meses posteriores a la debacle de Lehman. Y sólo al 1% en el trimestre que concluyó en junio. La recuperación está a tiro de piedra. Inclusive, para Alan Greenspan, en agosto, el nivel de actividad ya estaría otra vez en expansión.
G.G.: ¿Greenspan, Greenspan? Me suena.
P.: De la mano de dicho repunte, ¿aumentarán también las utilidades empresarias en el tercer trimestre?
G.G.: No. Pienso que caerán no menos del 15%.
P.: Tampoco cree en el vaticinio de Greenspan.
G.G.: Eso es mucho más factible. Bastaría con que la reducción de inventarios se tome un descanso.
P.: Piensa que llevará más tiempo enderezar la hoja de resultados de las corporaciones.
G.G.: Si lo que necesita es mostrar cifras positivas, las tendrá en el cuarto trimestre. Sin ninguna duda. La base de comparación, dada la parálisis absoluta que provocó Lehman sobre el filo de 2008, es paupérrima.
P.: No parece munición suficiente para justificar un rally del 50% en Wall Street.
G.G.: No lo es. La expectativa reinante descansa en una reversión profunda del cuadro de ganancias, pero recién el año próximo.
P.: Hoy por hoy, el consenso espera un aumento de utilidades por acción del 25%. Es una buena cifra, pero no se destaca tanto cuando se repara en la magnitud de los destrozos previos o en lo que la Bolsa ya trepó de antemano.
G.G.: Correcto. La apuesta estriba en suponer que, cuando finalmente se cuenten las utilidades, la mejoría será, una vez más, superior a lo esperado.
P.: Los inversores están dispuestos a tomar riesgos.
G.G.: Están montados en una suba que ya acumula un avance del 50% a cuenta de un futuro mejor. Que haya cesado la fase de caída libre, en la economía y en los mercados de riesgo, es un activo que tienen en el bolso. Se quebró la inercia y la tendencia es amigable. Pero hará falta más. Se precisa, tarde o temprano, una recuperación concreta, tangible. Absoluta y no relativa. Mire los balances y verá que las utilidades se recomponen por la vía del recorte a fondo de los costos de producción. La generación de ingresos todavía no deja de deteriorarse. Y ésta es la variable que, a la postre, determinará la pujanza de la rentabilidad.
P.: Con bancos líquidos y tasas cortas en cero, el tiempo no apremia.
G.G.: Así es. Mire, los inversores no mastican vidrio. Toman riesgos, pero menos que lo que podría parecer. Si la situación verdaderamente se complica, lo cual es una posibilidad siempre latente, los gobiernos redoblarán su intervención. Los inversores tiene muy presente que navegan en el mismo barco.
P.: Corren por el filo de la cornisa sabiendo que si tropiezan, hay red de seguridad.
G.G.: Confían en ello. Aunque en este juego nunca haya certezas. Usted citó a Greenspan. Su famoso put -su celo extremo en velar por la salud de los mercados- es cambio chico frente al put lanzado en conjunto por Bernanke y Obama. Sin esa cobertura implícita no hay rally -mucho menos una generosa suba a cuenta- que se sostenga.

