25 de agosto 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», sobre la visión contrapuesta entre el mensaje de los banqueros centrales en Jackson Hole, el ánimo de los mercados y el de los ejecutivos de las corporaciones.

Periodista: ¿No es el mundo del revés? Los banqueros centrales, reunidos en Jackson Hole, les dan aire a las Bolsas. Los «insiders», los propios ejecutivos de las compañías, son los más reacios a montarse en el avance.

Gordon Gekko: Así es. Cuánto más lejos de la cocina, mejor. Los que conocen el detalle dentro de las corporaciones se mantuvieron al margen de la suba.

P.: Ni siquiera se advierte una reconsideración de sus posturas. Los «hedge funds», por ejemplo, apostaron en contra del rally cuando se inició en marzo. Perdieron una pequeña fortuna, pero se dieron vuelta rápido.

G.G.: No es el caso de los ejecutivos. Su escepticismo es recalcitrante. Cuando se capitalizó la banca el año pasado vía plan TARP -y Wall Street protagonizó un avance (que luego se frustraría en forma tremenda)-, el promedio de compras de acciones por parte de los «insiders» fue cuatro veces mayor que el actual. En el rally de Navidad y Año Nuevo, también fracasado, las transacciones eran seis veces más importantes.

P.: ¿Sabrán algo que ignora la mayoría?

G.G.: Seguro. Los destrozos que dejó la crisis son cuantiosos. Los excesos de capacidad no se cubrirán pronto. La regla es sencilla: el entusiasmo aumenta conforme uno se aleja de la trinchera.

P.: Daría la impresión, sin embargo, de que conviene tomar distancia y ganar en perspectiva. La economía se recuperó pese a todas las vicisitudes de la «micro».

G.G.: Es muy cierto. Son las desventajas de quemarse con leche. Es lógico que el que está a cargo de la cocina, y ve que hay más ollas hirviendo, sea reticente a la euforia.

P.: No es que no haya problemas, pero la Bolsa apostó con éxito a que la economía sería capaz de «surfearlos» con ayuda externa. Me refiero al estímulo monetario y fiscal generoso o al cambio de reglas de juego sesgado a favor.

G.G.: La propia suba de la Bolsa es un potente factor estabilizador. Es una profecía que se realimenta. Usted ve las dificultades por la que todavía atraviesan los bancos. De hecho, en los últimos dos viernes, cayeron dos instituciones de porte.

P.: El Colonial Bancgroup, el segundo banco del Estado de Alabama, y un banco de Austin, el Guaranty Bank, con 162 sucursales distribuidas entre Texas y California.

G.G.: Correcto. Están en la misma liga de un IndyMac, el banco californiano que zozobró en junio del año pasado, en la antesala de lo peor del temporal. Entonces, no hubo comprador para los restos de IndyMac. Se armó de apuro un clon bajo el paraguas de la garantía oficial. Esta vez, fue muy distinto. BB&T se hizo cargo de Colonial. Y el grupo español BBVA tomó el Guaranty. Cambió la inercia. Estamos a un tris de la recuperación macro. No hay problemas de fondeo. Y hay signos incipientes de estabilización en los mercados de inmuebles. Así, es más fácil conseguir interesados. Con mercados asentados (aunque cotizan por debajo de junio 2008) y más receptivos, es factible -como hizo BB&T- colocar una emisión de acciones para financiar parcialmente la operación.

P.: No se olvide de que la FDIC -la corporación que administra el seguro de los depósitos- está compartiendo los riesgos de cobranza de buena parte de las carteras crediticias de ambas entidades.

G.G.: Para nada. Es un recordatorio de que coexisten las expectativas de obtener mayor rentabilidad del negocio bancario con el peligro de volver a desbarrancarse.

P.: En Jackson Hole, el mensaje de los banqueros centrales fue claro. La economía está de nuevo bajo control. Crece o crecerá pronto. No se sabe, sin embargo, a qué velocidad.

G.G.: Quizás haya un rebote potente. Pero no se sabe si el crecimiento podrá sostenerse en el tiempo.

P.: La Bolsa parecería tener opinión formada.

G.G.: Cuando lanzó el rally no pidió la venia de los especialistas. Jackson Hole le confirmó oficialmente lo que ya barruntaba desde marzo.

P.: La Bolsa, ahora, tampoco duda en su visión. No sólo sabe que la recesión es historia. La recuperación será más vibrante que lo que dicen los economistas.

G.G.: La Bolsa, le recuerdo, no es infalible. Y se reserva el derecho de cambiar de opinión, sin preaviso ni reembolsos. Dicho esto, es obvio que apuesta, en efecto, a que la resurrección será poderosa.

P.: Las objeciones profesionales de Jackson Hole cayeron en saco roto.

G.G.: Todo lo contrario. Si los banqueros centrales estuvieran convencidos de la robustez de la economía, entonces el rally estaría cerca de chocar contra una pared. La Bolsa debería pensarlo dos veces antes de seguir pisando el acelerador.

P.: Toda una paradoja.

G.G.: Es lo que vimos las últimas semanas en las Bolsas de Shanghai y Shenzhen. Nadie discute la fortaleza de la recuperación en China. Pero, precisamente, como las autoridades amagaron con revisar su postura de aliento, los inversores se vieron forzados a recoger el barrilete.

P.: En ese sentido, la decisión del Banco de Israel de subir un cuarto de punto las tasas de interés es una señal de peligro.

G.G.: Muy oblicua. Forzando el argumento, debiera ser más pernicioso para las materias primas que para las Bolsas principales. El blanco es la efervescencia que uno observa sólo en las economías emergentes. Si se adoptase el criterio de Stanley Fisher (el mandamás del Banco de Israel), habría una razón para esperar una recuperación no sólo moderada, sino mejor balanceada. Si se sosiega el frenesí de las materias primas, habrá un motivo menos para temer que la inflación se escape de control. Y menos necesidad, pues, de anticipar el endurecimiento en el núcleo del G-7.

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