25 de septiembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Periodista: La Fed decidió no innovar. Era lo que se descontaba de antemano pero aun así, a juzgar por los mercados, no hubo una buena recepción.

Gordon Gekko: No hay nada que reprocharle a la Fed. No es su culpa.

P.: La decisión de escalonar las compras remanentes de títulos hipotecarios, ¿no tuvo influencia?

G.G.: Para nada. De hecho, por otras razones, los bonos se fortalecieron.

P.: A pesar de una inminente colocación masiva de papeles del Tesoro.

G.G.: Correcto. La subasta de notas de siete años se resolvió sin problemas. Los inversores se llevaron a su casa los nuevos papeles por 29 mil millones de dólares (ofrecieron adquirir 81 mil millones) y las tasas largas bajaron a su nivel mínimo en la semana. Son las Bolsas las que sufrieron un traspié.

P.: Debe ser la corrección bursátil más anunciada de la historia.

G.G.: Es verdad. Y todavía falta que se concrete.

P.: Las condiciones están maduras.

G.G.: Hace más de un mes. Largo. Pero fíjese que la misma descompresión de las tasas largas -que es muy potente en el marco de una economía que se levanta de nuevo, y está en pleno restablecimiento- tiende a suavizar el potencial de una caída.

P.: Es un amortiguador que se flexiona apenas la Bolsa insinúa un repliegue.

G.G.: Tal cual. Entre valores extremos, el índice S&P500 trepó un 60%. Son seis meses en alza; salvo un contratiempo menor, una leve contracción intermedia en junio.

P.: Después de semejante recorrido, parece obvio que tocará desensillar. Aunque sólo sea para estirar las piernas.

G.G.: Una merma del 10%/15% aportaría una solución de manual.

P.: Sin embargo, cada vez que se perfiló un resbalón, siempre apareció demanda firme que sostuvo los precios. ¿Cambiará la suerte?

G.G.: Mi punto es muy simple. Si la Bolsa patina un 10%, ¿a qué nivel escalarán los bonos de largo plazo? Porque, mientras la Bolsa se bambolea, los bonos no dejan de ganar terreno.

P.: ¿Piensa que la tasa de diez años puede tallar de nuevo en un 3%?

G.G.: Quizás fugazmente. En un escenario de chapuzón de las acciones, no me sorprendería. Es más, la flojedad de las materias primas -la falta de «punch» de la energía pari passu la debilidad del dólar- es más que llamativa.

P.: ¿Se podrán revisitar los mínimos? Lograr que la tasa de diez años, otra vez, merodee el 2,10%...

G.G.: Habría que resucitar a Lehman Brothers y volverlo a derribar. Sería mejor no incluirlo en el programa.

P.: Un recorte de las tasas largas al 3% no es poca cosa.

G.G.: Lo importante no es el nivel de tasas a secas, tomado fuera de contexto. En mayo asistimos a un maridaje singular: tasas en el 4% y un Dow Jones perforando 8500 puntos en la suba.

P.: Cuando todavía el nivel de actividad operaba en modo retracción.

G.G.: Ése es el tema. Hoy la economía crece aunque sea con muletas prestadas. Si la Bolsa amagase caer a 8500 puntos, estimo que la tasa larga sería un punto menor que en mayo. Es un amortiguador muy oportuno. Un colchón de valuación muy mullido para tener a mano.

P.: Qué puede impedir que la corrección se produzca.

G.G.: No creo que suspenda la vigencia de la ley de la gravedad. Pero puede llevar a que la agachada, cuando se dé, no sea demasiado profunda.

P.: Ben Bernanke, a título personal, anticipó que veía próximo el final de la recesión. El comunicado de la Fed, sin embargo, prefirió no hacer una mención expresa.

G.G.: No obstante, el tono del mensaje es muy constructivo. Reconoce una mejoría que, a esta altura, es evidente. Pero, aún así, es bueno que la Fed le conceda un certificado de calidad.

P.: ¿Para cuándo el anuncio oficial de que la recesión es historia? ¿Tocará en la reunión venidera?

G.G.: No es la función de la Fed. Y la institución que se ocupa - la NBER - se tomará su tiempo. Aun si no surgen complicaciones, no creo que lo haga antes de marzo.

P.: Pero la economía ya volvió a crecer.

G.G.: Así parece. Empero, la recuperación es frágil. No está libre, tampoco, de sufrir una recaída. El pronóstico es muy favorable pero no recibirá una declaración oficial antes de marzo. Y le digo, antes que me lo pregunte, que conseguir el alta médica llevará mucho más tiempo.

P.: Daría la impresión de que los bancos centrales comienzan a preparar su estrategia de retirada. La propia decisión de bajarle el ritmo a la compra de bonos hipotecarios por parte de la Fed es una forma elegante de hacerse a un costado.

G.G.: Nadie ha sido más claro en este punto que los funcionarios del Banco Central Europeo. Le puedo citar concretamente a Lorenzo Bini Smaghi y a Juergen Stark, dos miembros del Consejo Monetario. Un par de semanas atrás, ambos dijeron, sin pelos en la lengua, que no es el momento de desmontar la política de estímulo. Pero también deslizaron que para todo banco central que se embarcó en una empresa tan ambiciosa resulta crítico tener una estrategia

de salida bien pensada.Y que para que resulte efectiva, la estrategia tiene que ser transparente y bien comunicada.

P.: Estamos en la fase de comunicación. No necesariamente en la antesala de su ejecución.

G.G.: En la etapa inicial de la comunicación. Vemos desconectar algunos aparatos

y sondas que no se usan. Pe-

ro las grietas del edificio son demasiado profundas co-

mo para quitar el apuntalamiento antes de proceder a repararlas.

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