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Diálogos en Wall Street
El especialista en mercados mundiales personificado como el banquero Gordon Gekko de la película «Wall Street» destaca la suba de la Bolsa de Nueva York de la mano de una serie de fusiones y adquisiciones que, a diferencia de lo ocurrido en los 80 y los 90, se financian con efectivo y acciones y no con apalancamiento. Cree que el mantenimiento de la tasa de interés de largo, hoy en el 3,28%, le allana el camino a Wall Street.
Gordon Gekko: No está muerto quien pelea.
P.: ¿Cómo se entiende tanta resistencia? Llevamos medio año en alza y, sin embargo, la tendencia no afloja. ¿Cómo se disparó esta reacción de hoy cuando nadie daba dos centavos en la madrugada de Asia?
G.G.: Wall Street sigue siendo la plaza que define el rumbo. Y esta vez fue una ráfaga de anuncios de fusiones y adquisiciones lo que electrizó los precios.
P.: Como en los viejos buenos tiempos.
G.G.: Como antaño. Pero con otra ingeniería financiera detrás.
P.: Me imagino que no hay «plafond» para un despliegue monumental de nuevo endeudamiento.
G.G.: No lo hay. Pero en varias empresas líderes sí hay cash atesorado, sin aplicación específica, que está disponible. El combustible es el efectivo ocioso y también las acciones.
P.: Acciones cuyos precios operan en alza. Recuperaron atractivo como medio de cambio.
G.G.: Correcto. Es buena moneda de pago.
P.: ¿Pueden un par de transacciones torcer el destino de una corrección que debe ser la más presagiada de la historia? Es pan para hoy, pero, ¿alcanzará mañana?
G.G.: No son sólo un par. Se conocieron cuatro operaciones en las que los adquirentes son Xerox, Johnson & Johnson, Abbot y los chinos de Sinochem.
P.: Sin embargo, no ha sido un gran trimestre para las fusiones corporativas. La actividad se ubica -en volumen de transacciones concertadas- entre las más bajas del registro.
G.G.: Es verdad. Y, por ende, hay condiciones para que pueda levantar vuelo. Ya la compra de Cadbury por parte de Kraft alentó las expectativas de que el renglón se reactive.
P.: Aunque las grandes firmas especializadas -como KKR o Blackstone- estén de capa caída.
G.G.: Sí. Se piensa en operaciones directas, entre compañías de un mismo sector, que apunten a una mayor escala de los jugadores. Nadie puede pensar hoy en un auge de las transacciones apalancadas, de los LBO («leveraged buy outs») ni de los negocios que dependan para su éxito de un desguace o una reventa rápida.
P.: Se piensa en ganar participación de mercado. Es un proceso de concentración.
G.G.: Tal cual. A costa de los jugadores más débiles, que, hoy en día, suelen ser los que están más endeudados. Y alimentado también por las firmas que se desprenden de unidades o activos que dejan de pertenecer al «corazón» de su negocio estratégico.
P.: Le repito la pregunta. ¿Alcanzará esta oleada para revertir la fortuna de las Bolsas?
G.G.: Sólo si la tendencia se acentúa. Pese a ello, no deja de aportar una señal positiva. Siempre mencionamos con suspicacia el hecho de que los «insiders», los dueños y los funcionarios importantes de las propias compañías nunca se hayan montado al rally alcista. Han sido y son tenaces vendedores. Pero surge aquí, por primera vez, un contrapunto interesante. En la medida en que las fusiones comprometen cash contante y sonante, su mensaje es claro. Para el ojo conocedor de quienes están metidos en el negocio, hay oportunidades que vale la pena concretar a estas cotizaciones.
P.: ¿Cómo cree que continúa la película de fondo? ¿Volverán a sonar los tambores de una corrección inminente?
G.G.: El problema es que todo el mundo, sin excepción, tiene el mismo dibujo en la cabeza. Todos piensan igual y actúan parecido. «El mercado va a caer para luego recuperarse a fin de año». Pero los inversores que se bajaron del tren, perdieron el convoy y muchos tienen fuerte presión -de sus clientes y parámetros de rendimiento («benchmarks»)- para volver a treparse. La mayoría prefiere hoy no ceder el asiento que ocupa y seguir a bordo. Aunque descuente que viene un tramo agitado.
P.: Con lo cual, tampoco el mercado se cae.
G.G.: Estamos a tiro de cerrar el trimestre. Si los rezagados quieren salir en la foto con una adecuada exposición a la Bolsa, los precios hasta podrían subir más. Pero es apenas cuestión de tiempo: la corrosión de la duda, que tiene motivos abundantes, emergerá de nuevo.
P.: La reunión del G-20 de Pittsburgh mantuvo la posición oficial. Las estrategias de estímulo no serán removidas pronto. Hasta los halcones del Banco Central Europeo (BCE) comparten la moción. Su titular, Jean-Claude Trichet, lo dijo hoy (por ayer) bien clarito. Quizá no se contempla lo que significa este respaldo a su valor pleno.
G.G.: Es una sociedad tácita entre inversores y autoridades. Basada en la mutua conveniencia. Pero no constituye una novedad. Si el S&P 500 trepó, entre extremos, desde marzo, un 60%, es difícil pensar que no se la haya tomado en cuenta. No creo, pues, que impida un chapuzón transitorio.
P.: No lo convence.
G.G.: Prefiero insistir en el rol clave de las tasas largas. Fíjese que mientras el Dow Jones sube un 1,4% (y el NASDAQ, casi un 2%), la tasa de diez años no trepa. Todo lo contrario: volvió a reducirse. Está en el 3,28%. Como a mediados de mayo, cuando el Dow cotizaba a 1.500 puntos de donde está ahora y la recuperación de la economía era una promesa discutible. Las tasas largas, lejos de competir con las Bolsas, les están desbrozando el camino.


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