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Diálogos en Wall Street
Escudado bajo el personaje de Gordon Gekko de la película ''Wall Street'' el experto en mercados mundiales opina que ni el nuevo rally de la Bolsa ni la debilidad del dólar obligan a la Fed a cambiar la política monetaria.
Gordon Gekko: Es volver al futuro.
P.: ¿Se justifica tamaña reacción? ¿No estaremos exagerando?
G.G.: ¿Cómo saberlo con exactitud? Estamos, otra vez, subiendo a cuenta. Así empezó el rally en marzo. No fue muy distinto que ahora. Cuando el presente era complicado, los inversores pagaron por un futuro promisorio. No tuvimos una respuesta satisfactoria a mano hasta que transcurrieron cuatro o cinco meses y quedó claro que la recuperación de la economía no era pura espuma.
P.: Pero no contento con ello, el mercado da otra zancada. Va por más.
G.G.: Se veía venir. Se posicionó, la semana pasa-da, para un fuerte relanzamiento.
P.: De temer una corrección a temer quedarse afuera. No hay término medio.
G.G.: Son las reglas del juego. Lo que no mata, fortalece. Durante un mes o mes y medio, la Bolsa estuvo bajo la lupa de una mesa de examen. Soportó el asedio. En perspectiva, atravesó el desierto de mayo a octubre -el período de baja liquidez secundaria, escaso volumen, estacionalidad adversa- y lo hizo muy bien. No se doblegó ante una corrección que parecía un hecho inexorable; que estaba cantada. Toca, pues, poner a prueba el otro extremo. Indagar hasta dónde puede llegar un avance. Sabiendo, de antemano, que hacia delante espera la época más propicia del año.
P.: ¿Cómo se explica, después de subas que oscilan entre el 50% y el 60%, que no se sienta el vértigo, que la audacia persista? ¿Sobra la liquidez?
G.G.: Hay liquidez en las carteras financieras y disposición a tomar riesgos. Coincido con usted: a estos precios, son posturas muy agresivas. La economía real, en cambio, está ilíquida. No existe la misma fluidez. No hay aumento de crédito ni voluntad de correr riesgos. Tampoco se verifica una suba de precios.
P.: Son dos planos encontrados. ¿Hasta dónde pueden convivir? ¿No tendrían que decantarse en una misma tendencia?
G.G.: Deles tiempo. Pero recuerde que la economía se recupera a pesar de los contratiempos crediticios. Todavía destruye empleos, pero dejó atrás la recesión. No obstante, lo que está claro es que los precios de los activos financieros redoblan su apuesta. La recuperación de la actividad deberá ser más firme que lo que hoy se anticipa para convalidar un alza renovada de las cotizaciones. No digo que sea imposible, pero no va a ser fácil lograrlo.
P.: No parece importar mucho. Lo que define es el «momentum». Y la inercia actual luce muy potente.
G.G.: No lo discuto. La Bolsa tomó envión. Es una cuestión de fe. Se apresta a subir a crédito. Pero, en algún momento, tendrá que rendir cuentas. No es un almuerzo gratis sino financiado. Si se quiere, el balance de JP Morgan Chase hace las veces de una módica seña.
P.: ¿Cómo conciliar la realidad de mercados de riesgo vibrantes y hasta exuberantes con el estado de salud de las economías, todavía convalecientes aunque no se discuta su mejoría?
G.G.: La Bolsa anticipa. Es su negocio. No es infalible, pero no le niegue oficio. Además, la suba de las cotizaciones forma parte de la solución de la crisis. La misma profecía tiende a facilitar su cumplimiento. Yo diría que fue una condición sine qua non para torcer la inercia. Estabilizar el valor de los bancos fue un maná que cayó del cielo cuando el maná del Congreso -los fondos del Plan Tarp- se agotaba.
P.: Se critica que se salga de una crisis ocasionada por una burbuja que explotó, inflando otras burbujas.
G.G.: Se sale como mejor se puede. Pida eficacia. No exija elegancia. Una vez que cede la zozobra, que se pisa tierra firme, allí podrá corregir el rumbo. Ser sutil. Usted no necesita crear burbujas -que a la larga serán su dolor de cabeza- pero, después de una situación calamitosa, no sería razonable combatir el fervor. Es un milagro que juega a su favor. Aunque entienda que pueda tornarse excesivo.
P.: ¿Qué ocurre en el seno de la Fed? Se escuchan voces divergentes. Hay quienes menean ya la idea de retirar el estímulo monetario.
G.G.: Nadie plantea eso.
P.: No del todo. Por supuesto. Pero sí comenzar a hacerlo. La política monetaria seguiría siendo expansiva aun si uno practicara un leve retoque de las tasas de interés. Lo dijo uno de los presidentes de distrito.
G.G.: Hay ideas distintas en danza. Y a diferencia de los tiempos de Greenspan, Bernanke las deja ventilar públicamente.
P.: ¿Piensa que puede empezar a desmontarse el andamiaje de aliento?
G.G.: Nada que importe. Bernanke no correrá riesgos inútilmente.
P.: Pareciera que hay un espectro de opiniones que cubre todo el arco. En las minutas de la última reunión, sorprendió que hubiera quienes abogaban por aumentar las compras de bonos hipotecarios a cargo de la Fed.
G.G.: Es lo que le dije antes. La Fed es más transparente. El debate queda registrado como no ocurría cuando Greenspan era el mandamás. Pero no hay razones ni consenso para modificar nada sustancial.
P.: ¿La exuberancia de las Bolsas podría obligar a cambiar la postura? ¿O la debilidad del dólar?
G.G.: No. Y es un no contundente.
P.: A pesar de las nuevas ideas en boga. Aquello de que hay que prestarles atención a los precios de los activos.
G.G.: Ni antes ni ahora resultaría conveniente usar un cañón para dispararle a una mosca. Aunque incomode. La política monetaria irá por otros carriles. Y todavía falta mucho para que la economía se consolide.
P.: Esto es música para los oídos de los inversores.
G.G.: Ya lo hemos dicho: en este tramo, hay una sociedad tácita con las autoridades. Ambos se necesitan mutuamente. La audacia que a usted le llamaba la atención descansa en esa convicción.


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