6 de mayo 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Con Grecia en llamas, no se podrá liberar el paquete de ayuda aun si Alemania así lo quiera. Tal es la conclusión de Gordon Gekko, el veterano especialista en mercados internacionales, quien señala que se corre el riesgo de quemar la etapa del blindaje antes de haber gastado un solo euro. ¿Cómo se frenará la crisis? Europa tendrá que poner todos sus recursos en la parrilla.

Periodista: No se gana para sustos. La crisis europea no se toma franco. Dobla la apuesta. Ya no se la puede llamar crisis griega porque el adjetivo le quedó chico. ¿Cuánto más falta para bautizarla como una crisis internacional plena, sin límites de fronteras?

Gordon Gekko:
A este ritmo, muy poco. Urge, pues, contener sus llamaradas.

P.: El daño crece día a día. Me imagino que la factura de las reparaciones sube pari passu.

G.G.:
Lo que un mes atrás podía parecer suficiente disuasivo, hoy es un presupuesto módico que no alcanza. Recuerde que la idea original del blindaje a Grecia era mostrar la plata, pero no desembolsarla. Convencer a los mercados de que estaba disponible el respaldo de Europa y lograr así que el financiamiento privado fluyera de nuevo.

P.: Esa intención fracasó. Hubo que ampliar las dimensiones del programa de asistencia. Tomar un compromiso de cubrir las necesidades financieras no sólo de un año sino de los próximos tres. Y, aun así, la crisis no cede.

G.G.:
Es evidente que se complicó aún más.

P.: Prometer no cuesta nada. Pero tampoco sirve. ¿Piensa que desembolsar los recursos calmará a las fieras?

G.G.:
Dos semanas atrás era la exigencia a satisfacer. Alemania se opuso. La novedad de hoy es que aun si Alemania levanta su veto, no está claro si se podrá realizar un desembolso. Yo diría que la clave del rescate griego -lo que antes era la totalidad del problema, y ahora es sólo una parte- ya no pasa por la voluntad de Berlín.

P.: ¿Usted sugiere que Grecia ya no quiere los recursos?

G.G.:
No. Pero ya no hay consenso interno. Si es que alguna vez lo hubo, se fracturó. Se escuchan muchas voces representativas en contra.

P.: Las protestas callejeras se cobraron tres muertos. ¿Habrá que anotar en su cuenta la muerte del paquete de ayuda? ¿Sucumbirá antes de haber nacido, sin llegar a gastar un solo euro?

G.G.:
Nadie podía pensar que no habría protestas. Se podía esperar que no hubiera muertos. Pero el problema va más allá. Un líder de la oposición, Antonis Samaras, del partido Nueva Democracia, ya dijo que votará contra la iniciativa. Y Europa asiste a un país, no al Gobierno de turno. Los compromisos que se asumen no pueden descansar sólo en la buena voluntad del primer ministro Papandreu. Si no se forja un consenso entre las principales fuerzas políticas, si éstas lo boicotean ante la población, el paquete va a abortar su despegue, como usted dijo, antes de poder girar el primer euro.

P.: Una complicación que quizás se pasó por alto. Tanto mirar a Alemania.

G.G.:
La amansadora a la que Grecia se vio sometida es una auténtica trituradora. Pero no nos engañemos, el ajuste al que se compromete lo es mucho más.

P.: No es un horizonte alentador. De una manera u otra, Grecia no llegará muy lejos.

G.G.:
Me imagino que la política europea tendrá la capacidad de uniformar las posiciones internas dentro de Grecia.

P.: Tal vez alcance para la foto. El plan de ayuda podrá carretear y levantar vuelo, pero me temo que ocurra como con el Spruce Goose, el avión de Howard Hughes, que era tan pesado que no recorrió más que unos pocos metros.

G.G.:
Sí o sí, usted necesita seguir trabajando codo a codo con Grecia. Europa no se puede permitir que Atenas no le atienda el teléfono, so pena de generar un agujero negro en torno a la deuda pública. No se olvide de todas las ramificaciones en juego. En todo caso habrá que quemar la etapa del blindaje y pasar directamente al megacanje, pero no puede surgir una discontinuidad con un tema tan sensible. La suerte de los bonos griegos no puede caer en un limbo.

P.: El Banco Central Europeo quedaría colgado con sus redescuentos al sistema financiero griego, los que, a su vez, están garantizados por la deuda soberana del país.

G.G.:
Sólo por dar un ejemplo trivial. Pero el escozor ya agita las aguas de la banca. El diferencial entre las tasas overnight y Libor a tres meses ya se disparó estos días. No señala nada bueno.

P.: La crisis se profundiza en Grecia y se extiende fuera de sus fronteras. Es mucho más agresiva con España hoy que lo que lo fue con Grecia en un principio. ¿Qué fuerza contribuye a esparcirla y, sobre todo, a darle un creciente voltaje?

G.G.:
Hay un contraste notable entre la velocidad de la crisis y la parálisis de las autoridades. Pienso que ello alimenta su voracidad. Ya no importan tanto los desequilibrios que se le marcaron a Grecia. No se le pueden imputar a España los mismos pecados. Pero la crisis es extremadamente flexible. Cambia el guión -toma otros argumentos sin ningún empacho- y embiste con más ahínco que nunca. Por eso creo que es la convicción -errada o no (hasta ahora, muy certera)- de que Europa carece de capacidad de respuesta, lo que está dándole alas al contagio.

P.: Cuando Europa cierra una tranquera, la crisis ya pasó por allí hace mucho tiempo.

G.G.:
Es peor. Dice que la va a cerrar y ya los problemas atacan por otro frente.

P.: No es posible atajar un aluvión corriendo de atrás.

G.G.:
Y resulta temerario -cuando el alud ya tomó gran envergadura- ponerse adelante. Ya no se podrán evitar los grandes destrozos.

P.: ¿Cómo ponerle freno?

G.G.:
¿Asoma un nuevo Lehman? Pues bien, usemos la misma artillería. Lo que funcionó se puede intentar de nuevo. Si hubo entonces que hacer de tripas corazón, aquí no será distinto. La crisis ya desbordó las rígidas reglas europeas sobre lo que no se puede hacer. Habrá que innovar y desdecirse como lo tuvieron que hacer la Fed o la Tesorería de los Estados Unidos ¿Puede permanecer el Banco Central Europeo como un mero espectador privilegiado? No. ¿Podrá esquivarse una factura voluminosa? Lo dudo. Cuanto más se demore en tomar el toro por las astas, más onerosa será. Europa tiene más recursos que los que usó hasta el momento, tendrá que ponerlos en la parrilla.