7 de septiembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El informe de empleo es un salvoconducto temporario frente a la amenaza de una recaída en la recesión. Pero las cifras de los últimos indicadores se contradicen en gran forma, y deben tomarse con cautela. El propio presidente Obama no se fía y anuncia medidas de aliento, como un plan de infraestructura. Para Gordon Gekko, el experto en finanzas que se escuda con ese seudónimo en la entrevista, Obama necesita mostrarle al electorado que se ocupa del tema, aun cuando resulte improbable que el plan atraviese el filtro del Congreso.

Periodista: El informe de empleo clausuró un interrogante decisivo. La economía estará débil, pero no destruye empleo.

Gordon Gekko
: La economía sí lo hace, aunque el sector privado, no. Van tres meses consecutivos en los que disminuye la ocupación.

P.: Todo por culpa del Censo 2010.

G.G.:
Sí. Son contratos temporarios que inflaron los números hasta mayo y estaba previsto que se cancelaran después. Lo que no estaba en los planes era que la creación de empleo privado fuese tan débil que no pudiera compensarlos por completo.

P.: El sector público, más allá del censo, tampoco hizo una contribución positiva.

G.G.:
Restó 7 mil puestos netos en agosto.

P.: Si con un déficit fiscal que roza los 9 puntos del PBI el sector público recorta su plantilla de personal, hay algo que está mal diseñado.

G.G.:
A nivel de estados y municipios, el ajuste es muy severo. Los aportes de la ley ARRA -el nombre oficial del plan de estímulo- no cubren todo el agujero de las finanzas públicas locales. Y el mercado de crédito aprieta.

P.: California está con la soga al cuello.

G.G.:
Illinois está peor. Si mira las tasas de los CDS -los contratos de protección ante un default de la deuda- verá que hay cinco estados que cotizan con un spread superior a los 200 puntos base.

P.: ¿Cuáles?

G.G.:
De menor a mayor: Nueva Jersey, Nueva York, Michigan, Nueva York (290) y a la cabeza de todos, el estado del propio presidente Obama, Illinois, que trepa levemente por arriba de los 300 puntos base.

P.: Como sea, el informe de empleo proveyó un calmante. Alejó los temores de un desliz recesivo. A la luz de los argumentos que acaba de citar, ¿se justifica?

G.G.:
Sí, pero tómelo como un salvoconducto temporal. No es un pasaporte definitivo.

P.: ¿Por qué?

G.G.:
Cuando uno cruza toda la información disponible, las inconsistencias que detecta son más que llamativas.

P.: Los informes regionales de actividad marcaban una declinación -como el Philly Fed-, o cuanto menos, una notable desaceleración, mientras el reporte ISM industrial, de cobertura nacional, señala una expansión que no sólo se mantiene, sino que apura el paso en agosto.

G.G.:
Ahí tiene un ejemplo. Pero no es el único. El componente de empleo del ISM industrial subió a su nivel más alto desde diciembre de 1983. Y, sin embargo, en el informe laboral, se registra una caída de 27 mil puestos de trabajo netos en la industria manufacturera, la primera del año y la más severa desde octubre 2009.

P.: Todo lo contrario. ¿Cómo se entiende? ¿Un error de medición?

G.G.:
Es lo que suele ocurrir cuando nos acercamos a un punto de giro. Cuando las tendencias revierten su curso, o, al menos, se debilitan.

P.: ¿A cuál creerle?

G.G.:
El informe laboral tiene una construcción más robusta. Pero, aun así, arrastra sus bemoles. No todas las cifras que revela surgen estrictamente de observaciones de campo.

P.: ¿Cómo es eso?

G.G.:
En todo momento nacen nuevas empresas (y desaparecen otras) que no están en la muestra. Allí también se genera (o se pierde) ocupación. Esa contribución se estima con un modelo teórico ad hoc.

P.: ¿Y puede resultar en un error significativo?

G.G.:
Sobre todo cuando la economía atraviesa un punto de inflexión.

P.: Si la mejor fuente es el informe laboral, uno se podría quedar tranquilo, pese a estas objeciones. Se dice que la industria destruyó empleo (y tal vez no sea cierto), pero el sector privado lo creó por el lado de los servicios. Salud y educación son las ramas que sobresalen.

G.G.:
Lo curioso es que el informe ISM que cubre servicios registra una contracción del empleo. Su lectura es la más baja desde febrero.

P.: Insólito.

G.G.:
Como le decía, cuando las tendencias están bien marcadas, y son muy vigorosas, estos problemas rara vez se presentan.

P.: Será por eso que el presidente Obama anuncia, ante un auditorio de representantes gremiales, que va a promover un plan de infraestructura. Por las dudas.

G.G.:
Ni el informe de empleo, ni los reportes ISM le harán cambiar de opinión a ningún trabajador. El mercado laboral es una desgracia, las condiciones son las peores de las que tenga memoria. La mejoría es infinitesimal. Con las elecciones de mitad de período en noviembre, y los pronósticos que descuentan que perderá el control de la Cámara de Diputados, Obama necesita mostrar que se ocupa del tema.

P.: Un plan de infraestructura de 50 mil millones de dólares no es poca cosa. ¿Tendrá el apoyo político necesario para que pase el Congreso? Los republicanos difícilmente le darán su respaldo.

G.G.:
Son 50 mil millones de dólares en seis años. Y no se sorprenda si se trata de un refrito de varias iniciativas que ya estaban incorporadas en el presupuesto de la ley ARRA, aunque todavía sin ejecución.

P.: ¿Conseguirá el soporte político?

G.G.:
Siempre se pueden reasignar partidas. En todo caso, Obama se saca la foto con la bandera en la mano. Y le pasa el costo del rechazo a la oposición.

P.: Veo improbable que se apruebe la creación de un Banco Nacional de Infraestructura. Es una bandera digna del mejor socialismo europeo. Enterrarla no creo que genere mucho costo político en un momento de auge de movimientos como el Tea Party.

G.G.:
Es una iniciativa que impulsa Laura Tyson, quien integró el equipo económico en tiempos de Bill Clinton. Con garantía estatal, el Banco buscaría su propio fondeo en los mercados de capitales.

P.: Más deuda pública.

G.G.:
De manera indirecta, por la vía de los avales tácitos o explícitos, sí. Pero sin una segunda recesión, como usted dijo, será difícil que supere el cerco de la oposición.

P.: Obama apura nuevos anuncios, ¿por qué no cree en lo que dice el informe laboral?, o ¿por qué se convenció de que la Fed no tiene vocación -o munición- para salvarle la ropa en este trance?

G.G.:
¿Qué más da? Si también sabe que el Congreso es una muralla infranqueable para cualquier proyecto fiscal de gran volumen. Recuerde la experiencia de Newt Gingrich y su Contrato con América, cuando los republicanos, en una elección como ésta, lo destrozaron a Bill Clinton. Obama está sembrando para los comicios. Para cosechar esa fecha si se puede. Pero también pensando en el día después.