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Diálogos en Wall Street
La Bolsa volvió a los niveles que regían cuando se desmoronó Lehman Brothers. ¿Se justifica? ¿podrá continuar la suba? ¿o es hora de dar las hurras y bajarse del convoy? Para el experto en mercados internacionales que se esconde bajo la máscara de Gordon Gekko el rally todavía tiene tela para cortar y es temprano para abandonarlo.
Gordon Gekko: Sólo en un sentido restringido. No puede decirse que se hayan terminado de digerir todos los problemas de herencia. Y la corrosión es grave en el terreno de la deuda pública de la eurozona. Con Grecia e Irlanda sin acceso a los mercados voluntarios de largo plazo.
P.: Temas que no parecen quitarle el sueño a las Bolsas.
G.G.: Las Bolsas se reservan siempre el derecho de cambiar de opinión. Sin preaviso. Y aunque hayan recuperado los valores de cuando se desplomó Lehman Brothers, todavía cotizan un 15% por debajo de donde estaban cuatro años atrás. La mejoría es indudable -el Dow Jones trepó el 77% desde los mínimos de marzo de 2009- pero no es un cheque en blanco.
P.: No hay garantías tampoco de que no sobrevenga otro chapuzón.
G.G.: Desde ya. Son las reglas del juego.
P.: ¿Lo ve probable?
G.G.: ¿Se acuerda del «flash crash»? En un santiamén la Bolsa perdió casi mil puntos sin necesidad de explicitar motivos. De hecho llevó meses de investigación detallada establecer las razones precisas. Nadie las conocía sobre la marcha pero, en la zozobra, todo el que pudo vendió o, al menos, se angustió impotente ante las pantallas.
P.: Puede volver a ocurrir en cualquier momento.
G.G.: Cómo pensar lo contrario. Ahora bien, la recuperación fue también muy rápida. En buena medida, instantánea. Quiere decir que tenemos problemas de fondo en la economía internacional. Pero también tenemos problemas de infraestructura, de sistemas proclives a provocar cortocircuitos en los momentos menos pensados. En muchos mercados la liquidez post Lehman es una capa muy delgada. Demasiado tenue para afrontar picos de estrés. Son razones de dos tipos diferentes las que impiden excluir nuevos chapuzones.
P.: ¿Está pensando en Europa? No hay liquidez en los mercados de la deuda pública de la periferia de la zona del euro. En los países que están en la picota existe un único comprador que es el Banco Central Europeo (BCE).
G.G.: O los bancos, pero sólo en la medida de que después pueden obtener financiamiento dejando los títulos de deuda en garantía con el BCE. Es verdad. Pero todo el mundo carga una cruz. Los títulos municipales en los EE.UU. no son un mercado mucho menos vulnerable a las adversidades. La única diferencia es que las autoridades estadounidenses han tenido la prudencia de no convocar a las tempestades.
P.: Usted era optimista con las Bolsas cuando campeaba el desánimo. Pero hoy en día la regla dominante es la visión positiva.
G.G.: Suele ocurrir. La situación presente es favorable. Eso es fácil de ver y comprobar. El resto viene por añadidura: la actitud de interpolar es casi un acto reflejo.
P.: En consecuencia, la vereda del optimismo está superpoblada. ¿Es hora de bajar a la acera y cruzarse enfrente?
G.G.: No se apure. No es el momento.
P.: ¿La suba de las acciones todavía tiene recorrido?
G.G.: No tiene grandes enemigos al acecho.
P.: La suba de tasas de interés revirtió y se calmó.
G.G.: Clavó un «techo» visible, que era lo importante.
P.: ¿Lo suficientemente firme como para mantenerse sin ser vulnerado?
G.G.: Constante todo lo demás, sí.
P.: O sea, no. ¿Qué es lo que deberá pasar para que las tasas de interés vuelvan a elevarse?
G.G.: Descubrir una economía mucha más briosa que lo que hoy se tiene en mente. Digamos creciendo por encima del 4%
P.: No parece demasiado factible.
G.G.: Uno nunca puede excluir la posibilidad de una ráfaga. Suceden con frecuencia.
P.: En todo caso, esa economía rozagante no debería dañar a las acciones.
G.G.: Usted preguntó por las tasas de interés, la respuesta es que deberían elevarse. Si pregunta por las acciones, cabría esperar que suban también.
P.: ¿Cómo talla Europa en esta ecuación?
G.G.: Convendría conservarla apartada. Hoy por hoy la crisis se mantiene a raya por la promesa (creíble) de que los gobiernos harán prevalecer su determinación de preservar el euro y la integración monetaria a rajatabla. Pero, en términos de políticas y de accionar concretos, hay un enorme vacío.
P.: La suerte de Europa es la gran incógnita. ¿Podrá mantenerse así, sin necesidad de ser despejada, durante todo 2011?
G.G.: Usted necesitaría otro banco central, definitivamente embanderado con el relajamiento de cantidades.
P.: El BCE se resiste a probarse el traje de la Fed.
G.G.: Dos semanas atrás llegó a comprar bonos públicos por 4 mil millones de euros. Luego bajó la dosis a 2,67 mil millones. Y la última semana apenas adquirió 600 millones de euros. Así usted no puede camuflar la desconfianza sobre la deuda soberana. Es obvio. Y como tampoco refuerza los mecanismos de estabilización que corren a cargo de las Tesorerías ni, mucho menos, puede imprimirle a las finanzas públicas una vuelta campana.

