6 de enero 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Se completó el rompecabezas? ¿La economía cerró el círculo de la recuperación? Un informe privado afirma que EE.UU. creó 297 mil nuevos puestos de trabajo en diciembre y alienta mejores expectativas. ¿Se quebró la maldición que arruinó las chances electorales de la administración Obama? ¿Y se abre, paradójicamente, otra que flameará ominosa sobre los mercados: que la Fed retraiga el estímulo de la política monetaria? A continuación las respuestas del especialista en finanzas que bajo el nombre de ficción de Gordon Gekko no duda en atacar los interrogantes.

Periodista: ¿Finalmente apareció el eslabón perdido?

Gordon Gekko:
No es la pieza original. Pero se supone que es el mejor molde disponible.

P.: Es un tema remanido. EE.UU. crece y su pulso económico se acelera, pero la creación neta de empleos no levanta cabeza. Hasta ahora era así. ¿Se quebró la maldición?

G.G.:
Convengamos que la lectura del informe ADP mete una cuña. Y abre una esperanza.

P.: No es una cifra menor. Se dice allí que el mercado laboral sumó 297 mil nuevos puestos de trabajo en diciembre.

G.G.:
Más los que pueda arrimar el sector público. Me refiero al Gobierno federal. Ya se sabe que los estados y los municipios podan personal de manera sistemática por la endeblez de sus finanzas.

P.: ¿Cuán creíble es la estimación?

G.G.:
Usted esperaba una lectura que fuera la mitad de robusta. Es una sorpresa indudable.

P.: Tiene una cualidad. Sintoniza la misma longitud de onda que los demás indicadores de actividad y gasto. Es un número inesperadamente vigoroso, pero no desentona con el sesgo del resto de la información económica.

G.G.:
De acuerdo. Pero no carece de bemoles. Número uno, ya lo hemos apuntado, es el procedimiento de corrección de los datos crudos para extraer la estacionalidad.

P.: ¿Piensa que puede tratarse de una mera aberración estadística?

G.G.:
Es difícil no pensar que la desestacionalización no haya jugado un papel importante.

P.: Pasó con las cifras oficiales de empleo. Si mal no recuerdo, usted señaló un problema similar con los guarismos de octubre y noviembre.

G.G.:
Sugerí tomar el promedio de ambos meses como una mejor medida de la tendencia ciclo.

P.: Con este informe de ADP, ¿convendrá hacer lo mismo?

G.G.:
Hay un problema técnico concreto -en rigor, una fuente potencial de error- que es un ajuste estadístico que se hace a fin de año, cuando se depuran los registros de personal, y que se conoce como «purga de diciembre». Si está mal calculado, si las empresas despidieron menos personal que lo que se estimó a ojo de buen cubero hasta noviembre, puede ser el responsable de haber inflado el número puntual de diciembre.

P.: Le pregunto a su olfato. ¿Cree que este número es ruido, que es un bluff? ¿O es una señal de que el mercado laboral se acopla finalmente a la realidad de una economía que retoma el vuelo?

G.G.:
Probablemente sea una combinación de las dos cosas. La propia gente de Macroeconomic Advisors -que le da soporte técnico a quienes publican el informe ADP- admite que hay razones para sospechar de su exactitud. Pero no pienso que sea enteramente «ruido». Basta mirar la progresión mes a mes para darse cuenta de que hay una tendencia de fondo que es claramente favorable. De amagar destruir empleo a mitad de año, se pasó a crear 29 mil puestos en septiembre, 79 mil en octubre, 92 mil en noviembre y ahora este dato tentativo de 297 mil. Tal vez excesivo, un «outlier», pero con margen de sobra como para ser rectificado sin tronchar la idea muy plausible de una mejoría cierta en curso.

P.: ¿Cuánta correlación existe entre la estimación del informe ADP y el número oficial de empleo?

G.G.:
Mes a mes, la discrepancia puede ser muy grande. Si se toman períodos largos, la brecha se reduce sustancialmente y la correlación supera el 90%.

P.: ¿Deberíamos hacernos a la idea de que la creación de puestos de trabajo será sensiblemente más elevada que los 150 mil que se esperaban antes de esta noticia?

G.G.:
Si el error fuera de 100 mil empleos, lo que sería inusitado, tendríamos una estimación de 200 mil nuevos conchabos netos. Estaríamos a tiro del ritmo que la economía esbozó en marzo/abril de 2010 cuando todavía se acariciaba la expectativa de una recuperación en ve corta.

P.: Las buenas noticias son bienvenidas, pero si son demasiado buenas pueden resultar un bumerán para los mercados. Ya que tocamos el tema, ¿cómo cree que impactaría una confirmación de estas elucubraciones?

G.G.:
Acciones más firmes, tasas de interés libres de riesgo más altas en todos los plazos, con un empinamiento de la curva de rendimientos y un cerco estrechándose en torno a las variables más sensibles a las tasas de interés ya sea por diseño -como los bonos corporativos de buena calidad- o por efecto de la fuerte valorización previa de sus precios, como ser las materias primas.

P.: ¿Tocará a su fin el rally de los activos de riesgo, que comenzó allá por septiembre?

G.G.:
Una golondrina no hace el verano. Será un aviso y no una certificación ante escribano.

P.: A menos que la Fed compre la idea de que aquí cambió el escenario de manera definitiva.

G.G.:
No lo hará sólo porque aparezca una docena de golondrinas. Téngalo por seguro. Si no me cree, relea las minutas.

P.: No digo que la Fed girará en una baldosa. Pero recuerde que el QE2, el programa de compra masiva de bonos del Tesoro, es una iniciativa condicional a la salud de la economía. Y si ésta se restablece antes de tiempo, lo lógico sería esperar que las compras se reduzcan y así tal vez no sumen los 600 mil millones de dólares que se prometieron cuando la realidad era más resbaladiza.

G.G.:
La variable sensible no es la creación de empleo, sino la reducción del desempleo, que no es lo mismo y evolucionará mucho más lentamente. No niego que la Fed pueda cambiar de parecer, pero no lo hará hasta estar completamente segura de que el proceso tiene bases muy firmes. Y eso no le llevará menos de un trimestre. Dudo que haya cambios antes de la reunión de fines de abril.

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